No hay ejercicio más santo y solemne que ocupe los pensamientos, los afectos y el tiempo del creyente que el de la oración. Y, en proporción a la espiritualidad del deber, será también más agudo el sentido de la oposición que recibe de nuestras flaquezas mentales y físicas. El apóstol Pablo define esta infirmidad con humilde sinceridad: «No sabemos lo que debemos pedir como conviene». Incluso un apóstol se incluye entre los santos que se sienten perplejos ante el misterio de la oración.
Hay primero la dificultad respecto a la naturaleza misma de la oración. «¿Qué es la verdadera oración?», pregunta uno con angustia. «¿Son mis fríos suspiros, las devociones distraídas del santuario, los gemidos de un espíritu herido, los anhelos de un alma a veces tan contradictorios?» Luego está la infirmidad del acto mismo: la vagancia del pensamiento, la frialdad del afecto, la intrusión de cuidados bajos, la conciencia de peticiones no sentidas y confesiones no deseadas. A esto se suma el modo de orar, que para muchos es fuente de sonrojo, pues se sienten limitados a formas litúrgicas mientras otros derraman el alma sin trabas. Pero ¿quién está libre de alguna infirmidad que enturbie este santo ejercicio? Tras toda nuestra observancia, ¡cuánta oración sin oración hay que lamentar! Por eso, con los discípulos, volvamos a suplicar: «Señor, enséñanos a orar», seguros de que el Espíritu Santo intercede en nuestra flaqueza y presenta ante el Padre nuestros suspiros más torpes.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - November 26
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.