Se da por sentado que todos los que son discípulos de Cristo oran. Tan pronto podréis encontrar un hombre vivo que no respire, como un cristiano vivo que no ore. Si no hay oración, entonces no hay gracia. Los escribas y fariseos eran culpables de dos grandes faltas en la oración: la vanagloria y las vanas repeticiones. «De verdad, ya han recibido su recompensa»; si en un asunto tan grande como el que media entre nosotros y Dios, cuando estamos orando, podemos atender a algo tan pobre como la alabanza de los hombres, es justo que eso sea toda nuestra recompensa. Sin embargo, no hay un solo suspiro secreto y repentino hacia Dios que él no observe. Se llama recompensa, pero es de gracia, no de deuda; ¿qué mérito puede haber en mendigar? Si no da a su pueblo lo que pide, es porque sabe que no lo necesita y que no es para su bien. Tan lejos está Dios de dejarse conmover por la longitud o las palabras de nuestras oraciones, que las intercesiones más poderosas son aquellas que se hacen con gemidos inefables. Estudiemos bien lo que se nos muestra acerca del estado de ánimo en que deben ofrecerse nuestras oraciones, y aprendamos diariamente de Cristo cómo orar.
Cómo orar (
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — Matthew 6:5-8
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.