Palabras diarias para los peregrinos de Sion

Participar de la corona exige compartir la cruz

Para reinar con Cristo hay que sufrir con él: todos nuestros manantiales de perdón, santidad y vida brotan de la cruz, donde el Señor crucificado es poder de Dios para los que se salvan.

Para ser partícipes de la corona de Cristo, debemos ser partícipes de su cruz. La unión con él en el sufrimiento debe preceder a la unión con él en la gloria. Este es el expreso testimonio del Espíritu Santo: «Si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados». La carne y el mundo han de ser crucificados para nosotros, y nosotros para ellos; y esto solo puede ser en virtud de una unión viva con un Señor crucificado. Por ello dijo el apóstol: «Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí». Y de nuevo: «Lejos esté de mí gloriarme sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo».

El conocimiento experimental de la crucifixión con su Señor crucificado hizo que Pablo predicara la cruz no solo en su poder para salvar, sino en su poder para santificar. Por la cruz, es decir, por la unión y comunión con aquel que sufrió en ella, no solo se abre una fuente para el pecado, sino para la inmundicia (Zac. 13:1). Sangre y agua brotaron del costado de Jesús cuando la lanza romana lo atravesó. «Todos mis manantiales están en ti», dijo el varón conforme al corazón de Dios; y bien podemos repetir sus palabras.

Todos nuestros manantiales, no solo de perdón y paz, de aceptación y justificación, sino de dicha y santidad, de sabiduría y fortaleza, de victoria sobre el mundo, de mortificación de un cuerpo de pecado y muerte, de todo nuevo avivamiento y renovación de la esperanza y la confianza, de toda oración y alabanza, de todo nuevo retoño del alma, como la vara de Aarón, en flor y fruto, de todo sentimiento grato, deseo espiritual, cálida súplica, honesta confesión, contrición que derrite y dolor piadoso por el pecado: todos estos manantiales de aquella vida escondida con Cristo en Dios están en un Señor crucificado. Así, Cristo crucificado es «a los que se salvan, poder de Dios». Y como él «nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención», solo en la cruz podemos ser hechos sabios para salvación, justificados por una justificación gratuita, recibir de su Espíritu para hacernos santos, y ser redimidos y librados por sangre y poder del pecado, de Satanás, de la muerte y del infierno.

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: February 25

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

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