A menudo he pensado que los mejores cristianos se encuentran en los peores tiempos. Y he pensado también que una razón por la que no somos mejores es porque Dios no nos purifica más. ¿Quién tan santo como Noé y Lot en el tiempo de sus aflicciones? Y, sin embargo, ¿quién tan negligente como ellos en tiempo de su prosperidad?
DE LA MUERTE Y EL JUICIO.
Así como el diablo se esfuerza por todos los medios en impedir otras cosas buenas, así también procura, en lo que de él depende, mantener fuera del corazón los pensamientos de pasar de esta vida a otro mundo; porque sabe que si logra mantenerlos alejados de los serios pensamientos de la muerte, les será más fácil mantenerlos en sus pecados.
Nada nos hará más diligentes en cumplir la obra de nuestra salvación que una frecuente meditación de la mortalidad. Nada tiene mayor influencia para apartar nuestros corazones de las vanidades y para engendrar en nosotros deseos de santidad.
¡Oh, pecador, en qué condición caerás cuando partas de este mundo! Si partes inconverso, mejor te hubiera sido ser sofocado la primera hora de tu nacimiento; mejor te hubiera sido ser desmembrado miembro por miembro; mejor te hubiera sido ser hecho perro, sapo o serpiente, si mueres inconverso, y esto lo hallarás verdad si no te arrepientes.
Un hombre sería tenido por loco si despreciara a un juez ante quien ha de tener un juicio de toda su hacienda. El juicio que tenemos ante Dios es de importancia diferente, pues atañe a nuestra felicidad o miseria eterna; y, sin embargo, ¿nos atrevemos a provocarlo?
La única manera de escapar a aquel terrible juicio es pronunciar frecuentemente una sentencia de condenación sobre nosotros mismos aquí.
Cuando se oiga el sonido de la trompeta que convocará a los muertos para comparecer ante el tribunal de Dios, los justos saldrán de sus sepulcros con gozo para encontrar a su Redentor en las nubes. Los otros llamarán a los montes y a las colinas para que caigan sobre ellos y los cubran de la vista de su Juez. Procurémonos, pues, a tiempo, preguntarnos cuál de los dos seremos.
Fuente y atribución
Autor original: John Bunyan
Título original: John Bunyan's Dying Sayings — parte 8
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John Bunyan, publicado originalmente en Grace Gems.