Flores de un jardín puritano

¡Que aúlle cuanto quiera el enemigo!

Ante las interrupciones de Satanás en la oración, debemos perseverar sin hacerle caso, pues desviar la atención es darle la victoria.

Cuando Satanás quisiera perturbarnos en nuestros devocionales inyectando pensamientos blasfemos o ideas triviales, más nos conviene seguir adelante y, en lo posible, pasar por alto sus interrupciones.

Así como el ciego Bartimeo clamaba tanto más cuanto la gente entrometida procuraba silenciarlo, así debemos ser más vehementes en nuestras súplicas cuando el diablo procura apartarnos de ellas. Cuando él llama, echemos otro cerrojo, y que llame hasta que se canse.

Nuestro asunto es con el Señor, y demos todo nuestro corazón a buscar su rostro, pues si nos volvemos para responder al enemigo, en seguida habrá ganado su propósito. Cuando pinta imágenes en nuestra imaginación, si nos negamos resueltamente a mirarlas, cesará de esa labor infructuosa y se irá a trabajar con gente más necia, que se aparta de la oración para responder a sus viles insinuaciones.

¡Que aúlle cuanto le plazca! Si no le hacemos caso, su orgullo quedará más herido que por cualquier golpe que podamos asestarle.

Por tanto, sigamos en nuestra oración, y que él siga en sus tentaciones hasta que se hastíe de ellas. «¡Vete de mí, Satanás!» es toda la atención que merece. En esto hay sabiduría, y el que tiene entendimiento aprenderá de ello.

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: Let him howl as he pleases!

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

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