Cuando Cristo dejó perplejos a sus enemigos, les preguntó qué pensaban del Mesías prometido. ¿Cómo podía ser el Hijo de David y, al mismo tiempo, su Señor? Cita el Salmo 110:1. Si el Cristo había de ser un simple hombre, que no existiría sino muchos siglos después de la muerte de David, ¿cómo podía su antepasado llamarlo Señor? Los fariseos no pudieron responder. Tampoco nadie puede resolver la dificultad, a menos que admita que el Mesías es el Hijo de Dios y el Señor de David en igualdad con el Padre. Él tomó sobre sí la naturaleza humana, y así llegó a ser Dios manifestado en la carne; en este sentido es el Hijo del hombre y el Hijo de David.
Nos corresponde, más que cualquier otra cosa, indagar seriamente: «¿Qué pensamos de Cristo?» ¿Es del todo glorioso a nuestros ojos y precioso para nuestros corazones? Que Cristo sea nuestro gozo, nuestra confianza, nuestro todo. Que cada día seamos hechos más semejantes a él y más entregados a su servicio.
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — Matthew 22:41-46
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.