En vez de tener siempre el ojo puesto en los demás, buscando faltas y errores en ellos, debemos mirar a nuestro propio ejemplo, no sea que algo que hagamos dañe la vida de otros o los lleve a obrar mal. Si cada uno hiciera esto, ello contribuiría en gran medida a convertir este mundo de espinas y cardos en un paraíso. Fácilmente caemos en la costumbre de pasar por alto nuestras propias faltas, o de imaginarnos casi perfectos, cuando en realidad nuestra vida está llena de inconsistencias. Entrometemos el ojo de nuestro prójimo para sacarle una mota que imaginamos ver, mientras al mismo tiempo llevamos una gran viga en el nuestro que nos desfigura y es un reproche ante los ojos de los demás. «¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?» Mateo 7:3.
El hábito de juzgar y condenar a los demás suele ser una mancha mucho más grave que aquellas cosas que con tanta ligereza señalamos como defectos. El primer deber de todo cristiano es asegurarse de no poner tropiezo en el camino de los demás. Se dice que Rutherford Hayes no llevaba reloj. Cuando era joven le robaron el reloj dos veces, y el ladrón fue cada vez apresado y encarcelado. El señor Hayes resolvió entonces no usar nunca más reloj, porque en dos ocasiones el llevarlo había sido una tentación para otro. Podremos llamar a esto una conciencia excesiva, pero apenas podremos exagerar en este deber.
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Miller's Year Book - May 12
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.