Es agradable recorrer un campo después de que la tormenta ha gastado su fuerza; oler la frescura de las hierbas una vez que la lluvia ha pasado, y observar las gotas mientras brillan como diamantes purísimos bajo la luz del sol. Esa es la posición del cristiano. Camina por una tierra donde la tormenta se ha descargado sobre la cabeza de su Salvador, y si caen aún algunas gotas de dolor, destilan de nubes de misericordia, y Jesús le anima con la seguridad de que no son para su destrucción.
¡Pero cuán terrible es presenciar la aproximación de una tempestad: notar las advertencias de la tormenta; ver a las aves del cielo caer sus alas; mirar al ganado bajar la cabeza aterrorizado; discernir el rostro del cielo ennegrecido, y contemplar el sol que ya no brilla, y los cielos airados y amenazantes! ¡Cuán terrible esperar el avance espantoso de un huracán, como ocurre a veces en los trópicos, esperar con terrible aprensión hasta que el viento se lanzare con furia, arrancando árboles de raíz, desprendiendo rocas de sus pedestales y derribando todas las moradas del hombre!
Y sin embargo, pecador, esta es tu posición presente. Aún no han caído gotas ardientes, pero viene una lluvia de fuego. Aún no aúllan vientos terribles a tu alrededor, pero la tempestad de Dios junta su terrible artillería. Por ahora las aguas están contenidas por la misericordia, ¡pero pronto se abrirán las compuertas! Los rayos de Dios aún están en su arsenal, pero ¡he aquí que la tempestad se apresura, y cuán horrible será aquel momento cuando Dios, vestido de venganza, marche adelante con furia!
¿Dónde, dónde, dónde, oh pecador, esconderás tu cabeza, o adónde huirás? ¡Ojalá la mano de la misericordia te conduzca ahora a Cristo! Él está puesto delante de ti libremente en el evangelio. Su costado abierto es la roca de refugio. Conoces tu necesidad de Él: cree en Él, échate sobre Él, y entonces la furia habrá pasado para siempre.
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: February 25 — Morning
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.