«Así como los hombres en un gran fuego arriesgan sus baratijas para preservar su tesoro, su dinero o sus joyas—así debemos cuidar que, si hemos de perder lo uno o lo otro, la mejor parte quede fuera de peligro. Sea lo que sea que perdamos en el camino, asegurémonos de llegar bien al final de nuestro viaje.»
En esto hay sabiduría. Ved cómo los hombres arrojan por la borda el aparejo del barco—cuando se trata de salvar sus vidas. La razón les enseña que lo menos precioso debe ir primero. No echan por la borda su oro ni su alimento al principio—ni tampoco pierden la vida para salvar sus lingotes.
Así, pues, cuidemos, ante todas las cosas, de nuestras almas y de sus intereses eternos.
Aquel cuya casa se quemó hasta reducirse a cenizas, se arrodilló y dio gracias al Señor porque su hijo estaba a salvo. Así también, el que pierde el mundo entero pero obtiene la salvación eterna, tiene tanto en qué regocijarse, que desperdiciaría sus lágrimas si las derramara por sus pérdidas mundanas.
Supóngase que se dijera que el antiguo poeta romano Virgilio murió poseyendo medio millón de dólares—hace tanto tiempo que sería una noticia trasnochada para nosotros. Y si lo mismo se dijera de un hombre que murió ayer—realmente no habría más que añadir.
Sin embargo, si el alma del esclavo de Virgilio fue salva, aunque nunca poseyó una sola moneda de oro—¡el Cielo no ha cesado de resonar de gozo por su salvación!
El alma debe ser nuestro principal cuidado. Es nuestro TODO, pues es nosotros mismos. Señor, enseña a los hombres esta sabiduría.
¡Señor, enséñame a mí esta sabiduría!
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: Save the jewels!
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.