Porciones diarias

Sálvame tú, y seré salvo para siempre

Reconociendo su ruina y su incapacidad de salvarse, el creyente clama al Señor por cada pecado, lazo y tentación, confiando en que él solo es su alabanza y su salvación.

Si sentimos que hemos arruinado nuestras propias almas, que ningún brazo humano puede salvarnos, que no podemos por nosotros mismos traer salvación a nuestras conciencias ni ver belleza, gloria, dulzura o conveniencia alguna en el Señor Jesucristo, y, sin embargo, luchamos con oración y súplica por tocar el borde de su manto, gustar la dulzura de su amor moribundo, sentir la eficacia de su sangre expiatoria, ser envueltos en su gloriosa ropa de justicia y conocerle en las dulces manifestaciones de su gracia, también nosotros podemos decir: Sálvame, y seré salvo.

Aquí está este pecado: sálvame de él. Aquí este lazo: rómpelo en pedazos. Aquí esta pasión: Señor, sométela. Aquí esta tentación: líbrame de ella. Aquí mi corazón orgulloso: Señor, humíllalo. Mi corazón incrédulo: quítalo, y dame fe; dame sumisión a tu mente y voluntad; tómame tal cual soy, con todo mi pecado y vergüenza, y obra en mí todo lo agradable a tus ojos, porque tú eres mi alabanza.

Si alguna vez te he bendecido, ha sido por tu bondad a mi alma; si alguna vez mi corazón se ha afinado para tu alabanza, si alguna vez mis labios te han dado gracias, ha sido por las riquezas de tu gracia y las manifestaciones de tu misericordia. Yo no soy nada, y nunca seré otra cosa que un pobre pecador culpable ante tus ojos; pero he de alabarte por todo lo pasado y esperar en ti por todo lo por venir, porque tú, y tú solo, oh Señor, eres mi alabanza.

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: April 9

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

Comparte esta lectura