Considerando la aflicción de aquellos tiempos, el estado de soltero era el mejor. Sin embargo, el apóstol no condena el matrimonio. ¡Cuán opuestos a él son quienes prohíben a muchos casarse y los enredan con votos de permanecer solteros, deban hacerlo o no! Exhorta a todos los cristianos a una santa indiferencia hacia el mundo. En cuanto a las relaciones, no deben fijar su corazón en los consuelos del estado. En cuanto a las aflicciones, no deben entregarse a la tristeza del mundo: aun en el dolor el corazón puede estar gozoso. En cuanto a los goces mundanos, aquí no está su descanso. En cuanto a los empleos mundanos, quienes prosperan en el comercio y aumentan en riqueza deben tener sus posesiones como si no las tuvieran. En cuanto a todos los asuntos mundanos, deben mantener el mundo fuera de sus corazones, para no abusar de él cuando lo tengan en sus manos. Todas las cosas mundanas son apariencia; nada sólido. Todo pasará pronto. Una santa preocupación por los intereses mundanos es un deber; pero estar lleno de cuidados, tener un cuidado ansioso y perplejo, es un pecado. Con esta máxima el apóstol resuelve el caso de si era aconsejable casarse. Aquella condición de vida es la mejor para cada hombre que es la mejor para su alma, y lo mantiene más libre de los cuidados y los lazos del mundo. Reflexionemos sobre las ventajas y los lazos de nuestra propia condición en la vida; para mejorar las unas y escapar, en lo posible, de todo daño de los otros. Y cualesquiera que sean los cuidados que opriman la mente, reservemos siempre tiempo para las cosas del Señor.
Debe usarse gran prudencia en el matrimonio; debe ser solo en el Señor (
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — 1 Corinthians 7:25-35
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.