La verdadera bondad no tiene conciencia de sí misma. Moisés no sabía que su rostro resplandecía. Los cristianos más nobles ponen el menor valor a sus propias buenas obras. Sin duda, muchas de las alabanzas y recompensas de los justos en el juicio serán para ellos una sorpresa. No llevan cuenta de sus buenas obras. Su propio sentido de indignidad personal les impide ver nada digno en sus humildes servicios.
Además, no vemos a Cristo en los humildes y en los sufridos que se presentan ante nosotros pidiendo nuestro amor y ayuda; vemos solo a personas pobres, enfermas, desdichadas, sin resplandor de gloria, sin indicios de nobleza, sin marcas de hermosura celestial.
Hay un cuadro que, visto con luz común, muestra tan solo a un hombre muy pobre que muere en un miserable desván, con señales de pobreza abyecta por todas partes; pero visto con otra luz, muestra una multitud de ángeles esperando para llevar a un hijo de Dios hacia la gloria.
Así somos nosotros: ¡no vemos las cosas tal como son! Jesús mismo está siempre ante nosotros en humilde disfraz. Sin saberlo, servimos al Maestro mismo siempre que prestamos cualquier servicio humilde de amor en su nombre. Cada verdadero cristiano se prepara para sí muchas sorpresas benditas de recompensa y de gloria cuando entre en la vida más plena y rica del cielo, donde todos los resultados del servicio y todos los frutos de la bondad serán revelados.
Entonces el Rey dirá a los de su derecha: «Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo». Mateo 25:34.
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Miller's Year Book - May 23
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.