Flores de un jardín puritano

Siéntate a la puerta de la misericordia y muestra tus llagas

Aun sin palabras, la miseria expuesta ante los ojos de la divina misericordia es escuchada por Cristo, que sana y concede los deseos del corazón.

«Un mendigo mudo recibe una limosna a la puerta de Cristo si logra hacer señas cuando su lengua no puede abogar por él.»

Esta es una frase alentadora para las muchas almas pobres que sienten que no hallan palabras con las cuales orar. Siéntate a la puerta de la misericordia, muestra tus llagas, gime y suspira. Que tus harapos pidan vestido, y tu hambre suplique pan.

Las heridas son oradores elocuentes ante un cirujano de corazón tierno. Expón tus heridas a Jesús, y Él las vendará.

La miseria es el mejor motivo que constriñe a la misericordia. Cuando el salmista no podía orar una oración compuesta, dice: «Abrí mi boca y jadeé.» Declara en otro lugar que jadeaba como un ciervo sediento. No hay nada articulado en el jadeo, y sin embargo nadie ha malentendido jamás el significado del acto.

Venid, pues, mendigos mudos, y aprended el lenguaje de los signos. Venid y jadead; venid y extended vuestra miseria ante los ojos de la divina misericordia, y no dudéis que Aquel que conoce los pensamientos del corazón os entenderá con prontitud y concederá sin demora vuestros deseos.

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: Sit down at mercy's gate—and show your sores, and groan, and sigh!

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

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