Mañana y noche

Sin embargo, siempre estoy contigo

A pesar de nuestra insensatez e ignorancia, la fe nos lleva a exclamar que, por pertenecer a Cristo, estamos continuamente en la presencia y el favor de Dios.

"Sin embargo", como si, no obstante toda la insensatez e ignorancia que David acababa de confesar a Dios, no fuera ni un ápice menos cierto y seguro que David estaba salvado y aceptado, y que la bendición de estar constantemente en la presencia de Dios era indudablemente suya. Plenamente consciente de su propia condición perdida, y de la deceitabilidad y vileza de su naturaleza, sin embargo, mediante un glorioso estallido de fe, canta: "Sin embargo, estoy siempre contigo."

Creyente, te ves obligado a entrar en la confesión de pecaminosidad del salmista; del mismo modo, esfuérzate por decir: "Sin embargo, ya que pertenezco a Cristo, ¡estoy continuamente con Dios!" Estoy continuamente en Su mente: Él siempre piensa en mí para mi bien. Estoy continuamente delante de Su ojo: el ojo del Señor nunca duerme, sino que vela perpetuamente por mi bienestar. Estoy continuamente en Su mano: de modo que nadie podrá arrebatarme de allí. Estoy continuamente en Su corazón: llevado allí como memorial, así como el sumo sacerdote llevaba los nombres de las doce tribus sobre su corazón para siempre.

"Tú siempre piensas en mí, oh Dios. Tu amor y tus afectos anhelan continuamente hacia mí. Tú siempre haces que la providencia obre para mi bien. Me has puesto como un sello sobre tu brazo. Tu amor es fuerte como la muerte; muchas aguas no pueden apagarlo, ni pueden los ríos ahogarlo. ¡Gracia admirable! Aunque aborrecible en mí mismo, me ves en Cristo y lavado en Su sangre, y así permanezco aceptado en tu presencia. ¡Estoy, pues, continuamente en tu favor, continuamente contigo!"

Aquí hay consuelo para el alma atribulada y afligida: "¡Sin embargo!" Oh, dilo en tu corazón, y recibe la paz que da: "¡Sin embargo, estoy continuamente contigo!"

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: July 29 — Morning

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

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