Consuelo escogido para santos afligidos

Sobre el desconsuelo y el luto cristiano

Cuando la muerte arrebata a un ser amado, el cristiano puede llorar, pero su dolor ha de ser manso, reverente y lleno de confianza en el amor del Padre.

Sobre el desconsuelo

"Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo dejaré esta vida. El Señor da, y el Señor quita. ¡Alabado sea el nombre del Señor!" Job 1:21

Cuando un objeto santo y amado de nuestro afecto es arrebatado por la muerte, debemos entristecernos; la humanidad lo exige, y el cristianismo, en la persona del Jesús que llora, lo permite. El hombre sin una lágrima es un salvaje o un estoico, pero no un cristiano.

Dios quiere, al conceder sus dones, que se reciban con sonrisas de gratitud; y cuando los recobra, que se entreguen con "gotas de sagrado dolor". El dolor es un afecto implantado por el Creador en el alma, con fines sabios y benéficos; y no debe ser arrancado de raíz sin piedad, sino dirigido en su ejercicio por la razón y la piedad.

La obra de la gracia, aunque está por encima de la naturaleza, no va contra ella. El hombre que me dice que no llore junto a la tumba me insulta, se burla de mí y pretende degradarme. Las lágrimas son el testimonio silencioso, puro y sincero de mi corazón de la excelencia del don que él dio en misericordia; y en misericordia, sin duda, así como en juicio, lo ha recobrado.

Pero, aunque nos lamente, no debemos murmurar. Podemos entristecernos, pero no con el dolor apasionado e incontrolado de los gentiles que no tienen esperanza. Nuestro dolor puede fluir tan profundo como queramos, pero sin ruido y tranquilo, por los cauces de la sumisión.

Ha de ser un dolor tan tranquilo que oiga todas las palabras de consuelo que nuestro Padre celestial pronuncia entre los suaves golpes de su vara.

Ha de ser un dolor tan reverente que lo adore por el ejercicio de su prerrogativa al quitar lo que y a quien le place.

Ha de ser un dolor tan sereno que nos prepare para hacer su voluntad, así como para soportarla.

Ha de ser un dolor tan manso y suave que lo justifique en todas sus dispensaciones.

Ha de ser un dolor tan confiado que esté seguro de que hay tanto amor divino al quitar la misericordia como al concederla.

Ha de ser un dolor tan agradecido que dé gracias por las misericordias que quedan, así como se aflija por las misericordias perdidas.

Ha de ser un dolor tan confiado que mire hacia el futuro con esperanza, así como hacia el pasado con angustia.

Ha de ser un dolor tan paciente que soporte todas las aggravaciones que acompañan o siguen al desconsuelo, con serena aquiescencia.

Ha de ser un dolor tan santo que eleve la oración de fe pidiendo gracia divina para santificar el golpe.

Ha de ser un dolor tan duradero que conserve, a lo largo de todos los años venideros de la vida, el beneficio de aquel acontecimiento que, en un solo momento terrible, cambió todo el aspecto de nuestra existencia terrenal. J.A. James.

Fuente y atribución

Autor original: Manton Eastburn

Título original: On Bereavement

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Manton Eastburn, publicado originalmente en Grace Gems.

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