En la expresión «Altísimo» hay algo muy expresivo a mi mente. Es a «Dios Altísimo» a quien suben las oraciones desde corazones quebrantados, en todas las partes del mundo donde el Señor tiene un pueblo vivificado. «A Dios Altísimo» se dirige cada ojo, se fija cada corazón y fluye cada aliento de oración viva. Jesús se sienta en gloria como «Dios Altísimo», escuchando los suspiros y clamores de su familia de corazón quebrantado, dondequiera que habiten en los rincones más extremos de la tierra; y no solo se sienta en lo alto para oír sus clamores, sino también para concederles las bendiciones que ve adecuadas a su caso y estado.
Ahora bien, ¿cuándo llegaremos así «a Dios Altísimo»? ¿Cuando estamos complacidos y satisfechos con nosotros mismos? ¿Cuando el mundo nos sonríe? ¿Cuando todo es fácil fuera y dentro? ¿Cuando estamos en circunstancias para las cuales nuestra propia sabiduría, fuerza y justicia son ampliamente suficientes? Bajo tales circunstancias podemos apaciguar la conciencia con la oración, o más bien con su forma; pero no hay «clamor a Dios Altísimo». Antes de que se levante un clamor real y espiritual, debemos ser llevados a aquel punto: «El refugio me falló; nadie se cuidó de mi alma» (Salmo 142:4). Aquí fueron llevados todos los santos de antaño: Job sobre su muladar, Ezequías sobre su lecho de enfermo, Ana junto a la puerta del templo. Todos estaban sin esperanza, sin ayuda, sin hogar, sin refugio, antes de clamar «a Dios Altísimo». Y nosotros hemos de quedar igualmente sin refugio y sin amparo antes de poder proferir el mismo clamor, o de que nuestras oraciones hallen entrada en los oídos del Señor Todopoderoso.
«Al Dios que efectúa todas las cosas por mí.» Si Dios no efectuara algo por nosotros; más aún, si Dios no efectuara todas las cosas por nosotros, sería una burla, un engaño orarle en absoluto. «La esperanza de Israel» sería entonces para nosotros un ídolo mudo, como Astarot o Baal, que no podía oír los clamores de sus adoradores que se cortaban, porque estaba cazando o dormido y necesitaba ser despertado. Pero el Dios de Israel no es como esos ídolos mudos, esos dioses de muladar, obra de manos de hombres, ficciones de superstición e ignorancia; sino el Jehová eterno, que vive siempre para oír y responder las oraciones que su pueblo eleva.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: November 2
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.