En todos sus tratos, aun los más severos y oscuros, ten fe en Dios. Esta es acaso uno de los mayores logros de la fe. Creer en Dios cuando sonríe, confiar en Él cuando se siente cerca, tener fe en Él cuando el sendero es florido y grato, sería tarea fácil. Pero tener fe en Él cuando aparta el rostro de su trono y extiende sobre él su nube; amarlo cuando frunce el ceño; seguirlo cuando se retira; aferrarse a Él cuando parece sacudirnos; confiar en Él cuando su brazo se alza para herir, eso sí es fe. Y, con todo, todo esto lo puede lograr la fe de los escogidos de Dios. Si no, ¿de qué serviría? ¿De qué aprovecharía al marino una brújula que solo funcionara de día y no de noche, que solo sirviera para navegar con vientos suaves y no con borrascas? La fe es la brújula del alma creyente, que la guía con la misma certeza al puerto celestial en medio de la más encarnizada tempestad que en la más serena bonanza. Es el telescopio celestial que atraviesa la bruma más espesa y la nube más negra, divisando soles y estrellas resplandecientes a lo lejos; lee el nombre de Dios escrito «amor» bajo el trato más oscuro, y atisba el Sol de Justicia brillando por entre las rendijas de las nubes sombrías.
¿Te trata Dios ahora en medio de prueba profunda, de providencia oscura, misteriosa para tu mente y dolorosa para tu corazón? ¿Te corrige por tus pecados y te castiga por tus deslices? Aun así, ten fe en Dios. Las apariencias y las causas segundas no afectan en nada el fundamento de tu fe, que es Dios mismo: su naturaleza inmutable, su amor que no cambia, su propósito eterno, su pacto sempiterno, sus perfecciones divinas y gloriosas. Cree que estás en su corazón y que tus intereses están en sus manos. Ten fe en su sabiduría para guiarte, en su amor para encaminarte, en su poder para sostenerte, en su fidelidad para cumplir cada promesa concerniente a tu mayor bien y felicidad. Solo cree que todas las cosas, en su disposal y en sus tratos contigo, obran juntamente para tu bien presente y eterno.
¡Oh, qué palabras tan alentadoras: espera en Dios! No vacilo en decirte, lector, que puedes esperar en Dios. Aunque tu caso parezca desesperado, desalentador y sin esperanza a tus ojos, no solo demasiado intrincado para el hombre sino demasiado indigno para Dios, con todo, puedes esperar en Dios. Llévale tu caso, esperando contra esperanza y creyendo en medio de la incredulidad. ¿Cerraría Él su corazón contra ti? Jamás. ¿Te rechazaría cuando huyes a Él? Nunca. No está en el corazón de Dios, ni aun en su poder, hacerlo así. Aférrate a su fuerza y habrás vencido a Dios: habrás desarmado el instrumento y el poder de castigarte, habrás puesto tu mano de fe sobre la fuerza de su amor y habrás hecho las paces con Él. Nunca aparece Dios tan semejante a sí mismo como en la temporada de oscuridad y padecimiento del creyente; los despliegues más tiernos de su corazón se dan en la tristeza, y los más gloriosos de su sabiduría, poder y gracia resplandecen justamente a través de la niebla.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - May 29
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.