Pensamientos vespertinos

Toda la plenitud de Dios habita en Cristo para tu necesidad

Toda la plenitud de la Deidad habita corporalmente en Cristo, y en él están guardados cuanto el pecador necesita para salvarse y el santo para santificarse. Sus recursos son infinitos y la invitación es a beber abundantemente.

¡Qué declaración tan gloriosa! Debería hacer saltar nuestro corazón de gozo y estremecer nuestra alma de alegría al escucharla. Toda la plenitud de la Deidad corporalmente, toda la plenitud de la Iglesia por gracia, toda la plenitud del pecador para salvación y toda la plenitud del cristiano para santificación, en una palabra, todo cuanto un hijo caído y atribulado de Adán necesita hasta llegar al cielo, ha sido depositado por el amor y la sabiduría eternos de Dios en el segundo Adán, el Señor venido del cielo. Dios, fuente de vida, luz y gracia, ha dispuesto que su Amado Hijo sea el único manantial del cual se deriven toda la salvación del pecador, toda la santidad del creyente y toda la gracia y verdad de la Iglesia.

¡Cuán precioso debiera sernos Jesús, que se ha dignado derramar este tesoro celestial en nuestros corazones y encargarse de su provisión constante! La mejor manera de probar nuestra gratitud es sacar abundantemente de esa plenitud y glorificarle en lo que recibimos. Nuestros recursos son inagotables porque son infinitos, y no podemos acudir con demasiada frecuencia ni sacar en exceso. ¡Salta, oh pozo de gracia y amor, en nuestros corazones! ¡Oh, por más profundidad de gracia interior, más fervor de amor santo y provisiones más ricas de la plenitud de Cristo! El pozo es profundo, pero la fe puede alcanzarlo, y conforme a la fuerza y sencillez con que se dirija a Cristo será la abundancia del suministro. "Bebe, sí, bebe abundantemente, oh amada" es la amable invitación del Señor a su Iglesia.

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: Evening Thoughts - January 20

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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