"He aquí que vuestro Dios vendrá." El Señor, pues, aún no ha venido; pero dice que vendrá, y la promesa de su venida quita el temor. Él dice: "He aquí." Aun esa pequeña palabra encierra algo digno de nota. El Señor está a lo lejos; su carro se está aparejando; pues "hace de las nubes su carro, y anda sobre las alas del viento." Así como el Señor dijo a sus discípulos: "Levantad vuestras cabezas, porque vuestra redención se acerca," así con la palabra "He aquí" el Señor querría apartar los ojos de su pueblo de estar siempre inclinados hacia la tierra o mirando sus propios miserables corazones y las dificultades y peligros del camino. "Mirad arriba," diría, "mirad arriba; vuestro Dios viene a salvaros."
Me gusta detenerme en cada migaja, por así decirlo, de nuestro texto. Hasta la menor jota y tilde de la palabra de Dios, como polvo de diamante, han de recogerse y atesorarse. En la Escritura hay mucho en poco; no como en nuestros sermones, donde a menudo hay poco en mucho. La palabra de Dios está llena hasta rebosar de la misma esencia de la verdad concentrada. Mirad la siguiente migaja. ¿No es la verdadera quintaesencia de la bienaventuranza? "Vuestro Dios." ¿Cómo? ¿Es él vuestro Dios? Ese es el mismísimo destilar del amor eterno. En esa sola palabra se concentra la esencia de toda bendición del nuevo pacto. Y si Dios es vuestro Dios, vuestras dudas, temores y recelos no rompen ese sagrado vínculo del pacto.
Eres esposo, y tu compañera padece alguna enfermedad mental; y la naturaleza del mal puede ser tal que apenas reconozca tu rostro, que dude del todo de tu afecto y no crea que eres su marido. Sabemos que tales casos son frecuentes. Pero ¿acaso sus dudas o negaciones disuelven tu amor, o cancelan el vínculo matrimonial? El estado de su mente, por doloroso que sea, no altera la relación conyugal. Así, si los desposados del Señor, por las tentaciones de Satanás, dudan de su unión con él, ¿rompen sus temores el anillo de bodas o anulan las escrituras matrimoniales? Si el amor del pacto los emparejó en la eternidad, y la gracia del pacto unió sus manos en el tiempo, ellos siguen siendo sus Hefsiba y sus Beula, porque "el Señor aborrece el repudio."
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: September 29
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.