La iglesia tiene motivo para llorar cuando las diferencias se convierten en trincheras. Jesús, enviado a las ovejas perdidas de Israel, no despreció a otras ovejas de su rebaño ni permitió que las fronteras humanas apagaran la compasión de su misión.
La mujer samaritana muestra el contraste: una vida quebrada y, al mismo tiempo, discusiones religiosas heredadas. Jesús no alimentó su orgullo ni evitó la verdad; la dirigió al don de Dios y al agua viva que transforma la vida entera.
Cuando el mundo resiste con fuerza, nuestras divisiones internas debilitan el testimonio. La uniformidad no es requerida; la unidad sí. Podemos diferir en costumbres, formación y énfasis secundarios, pero debemos compartir la misión de mostrar el amor y la santidad del Dios vivo.
Si no hemos aprendido a caminar con Jesucristo, tampoco sabremos caminar con los hermanos. No basta tolerar al otro como quien soporta una carga incómoda. Somos llamados a llevar cargas, corregir con humildad y cuidar la verdad sin perder la compasión.
Que la iglesia sea conocida más por su unidad en lo esencial que por su celo en lo secundario. «Ámense unos a otros» no es un lema decorativo; es la voz de Cristo que hace creíble nuestro testimonio.
Fuente y atribución
Autor original: John MacDuff
Título original: LOVE OF UNITY
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.