Cada parte de nuestro ser debería unirse para alabar a Dios. El canto de alabanza que entonamos no debería ser un solo ni un dueto, sino un coro completo: los sentimientos, los afectos, las facultades de la mente, los gustos y los deseos, todos mezclándose en la alabanza. Hay quienes alaban con la voz, pero no con el corazón; otros ofrecen una adoración intelectual mientras sus afectos permanecen distantes; y otros más dan alabanza emocional, sin que su voluntad y su conciencia se sumen al canto, porque tienen buenos sentimientos pero les falta obediencia práctica. Algunos entonan con entusiasmo himnos misioneros, pero no dan nada a la obra misionera; cantan himnos de consagración, y después viven para sí mismos.
El modo verdadero de alabar a Dios es despertar cada facultad, cada energía, cada poder y cada afecto hacia una alabanza entusiasta, sincera y práctica, en la que todo lo que está en nosotros se una en un canto santo y gozoso. La alabanza que agrada al Señor brota de un corazón reconciliado que se rinde entero a Cristo y que expresa en hechos cotidianos la gratitud que canta con los labios.
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Miller's Year Book - October 12
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.