Al leer la historia del evangelio nos sorprende ver cuán pocas personas fueron verdaderamente atraídas a Cristo durante Su vida. Multitudes lo seguían — muchas por curiosidad — pero muy pocas fueron atraídas a Él de manera salvadora en el corazón y en la vida. Vemos al final cuán pocas; apenas un pequeño puñado de amigos fieles rodeaba Su cruz.
No fue sino hasta que Él hubo ofrecido Su gran sacrificio expiatorio — hasta que fue «levantado» en la cruz — que todos los hombres comenzaron a ser atraídos a Él. ¿Por qué fue la influencia de un Jesús crucificado tan superior a la de un Jesús vivo y obrador de milagros?
Por una razón, la muerte de Cristo reveló el maravilloso amor de Dios. Toda Su dulce, amable y servicial vida hablaba también de amor; pero fue cuando Él fue a Su cruz que la plena y rica gloria del amor divino se manifestó. Y el amor siempre atrae. Es amor lo que los hombres necesitan, y dondequiera que lo encuentran — quieren acercarse y descansar en su calor y ternura.
Otra razón por la que Jesús atrajo con mayor poder después de haber sido «levantado» fue que entonces el Espíritu divino estaba presente para obrar en los corazones y las vidas humanas. Sin el atraer del Espíritu — ¡ninguno vendría jamás a Cristo!
Había una antigua leyenda que decía que cuando Jesús moría una paloma vino a posarse en Su cruz. Es sólo una leyenda; sin embargo, sugiere la verdad de que incluso después de que Su preciosa sangre hubiera sido derramada, los hombres no habrían venido a Cristo — si no hubieran sido atraídos por el Espíritu Santo.
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: A Savior for All
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.