La sustancia, o resumen, de lo que se había declarado era que los cristianos tenían un Sumo Sacerdote tal como lo necesitaban. Él tomó sobre sí la naturaleza humana, apareció en la tierra, y allí se ofreció a sí mismo como sacrificio a Dios por los pecados de su pueblo. No debemos atrevernos a acercarnos a Dios, ni a presentarle nada, sino en y por medio de Cristo, dependiendo de sus méritos y de su mediación; pues somos aceptados solo en el Amado. En toda obediencia y adoración, debemos mantenernos cerca de la palabra de Dios, que es el único y perfecto estándar. Cristo es la sustancia y el fin de la ley de justicia. Pero el pacto aquí referido era aquel hecho con Israel como nación, asegurando beneficios temporales para ellos. Las promesas de todas las bendiciones espirituales, y de la vida eterna, reveladas en el evangelio, y hechas seguras por medio de Cristo, son de un valor infinitamente mayor. Bendigamos a Dios por tener un Sumo Sacerdote que conviene a nuestra condición desvalida.
La Gran Excelencia del Nuevo Pacto Sobre el Antiguo
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — Hebrews 8:1-6
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.