Un evangelio despreciado irá a donde será mejor recibido. Uno de los gobernantes de la sinagoga rogó encarecidamente a Cristo por una hijita, de unos doce años, que estaba muriendo. Otra curación fue obrada por el camino. Debemos hacer el bien, no sólo cuando estamos en casa, sino cuando andamos por el camino, Deuteronomio 6:7.
Es común entre la gente no acudir a Cristo hasta que han probado en vano a todos los demás auxiliares, y los hallan, como sin duda los hallarán, médicos de ningún valor.
Algunos acuden a diversiones y compañías mundanas; otros se sumergen en los negocios, o aun en la intemperancia; otros procuran establecer su propia justicia, o se atormentan con vanas supersticiones. Muchos perecen por estos caminos; pero ninguno hallará jamás descanso para el alma por tales artificios; mientras que aquellos a quienes Cristo sana de la enfermedad del pecado hallan en sí mismos un cambio completo para bien.
Así como los actos secretos de pecado, también los actos secretos de fe son conocidos por el Señor Jesús.
La mujer declaró toda la verdad. Es la voluntad de Cristo que su pueblo sea consolado, y él tiene poder para mandar consuelo a los espíritus atribulados. Cuanto más simplemente dependamos de él, y esperemos grandes cosas de él, más comprobaremos en nosotros mismos que él se ha convertido en nuestra salvación. Los que por la fe son sanados de sus enfermedades espirituales tienen razón para irse en paz.
La hija de Jairo resucitada de entre los muertos (
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — Mark 5:21-34
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.