El fundamento o causa de la plenitud de la expiación de Cristo brota de la dignidad infinita de su persona: su divinidad es la base de su obra perfecta. Eso fue lo que dio perfección a su obediencia y virtud a su expiación; lo que hizo eficaz la sangre que derramó para el perdón del pecado y completa la justicia que realizó para la justificación del alma. Sin su divinidad, toda su obra habría sido deficiente. Ningún Salvador creado podría haber dado plena satisfacción a una ley infinita, quebrantada por el hombre y que clama por venganza. Se requería una obediencia en todo igual en gloria y dignidad a la ley violada. Los derechos del gobierno divino debían mantenerse, la pureza de la naturaleza divina guardarse y el honor de la ley divina vindicarse. Para lograrlo, Dios mismo debía hacerse carne; y para llevarlo a cabo plenamente, ¡el Dios encarnado debía morir! ¡Oh, profundidad de sabiduría y de gracia! ¡Oh, amor infinito, amor rico, amor libre!
El perdón de los pecados del creyente es un perdón entero: el perdón pleno de todos sus pecados. No sería perdón si no fuera entero. Si fuera solo un borrado parcial de la nube espesa, una cancelación parcial de la deuda, un perdón de algunos pecados solamente, el evangelio no sería buenas nuevas para su alma. La ley de Dios le había declarado culpable de una violación completa; la justicia de Dios demanda una satisfacción igual a la enormidad de los pecados cometidos y de la culpa contraída; el Espíritu Santo le ha convencido de su total desvalimiento, de su entera bancarrota. Ve, pues, al alma cansada y cargada de pecado, que llora su vileza y su desamparo, y proclímale el evangelio. Dile que la expiación que Jesús ofreció en el Calvario fue una satisfacción plena por sus pecados; que todos sus pecados fueron cargados y borrados en aquel instante solemne; que la deuda que la justicia divina tenía contra el pecador fue cancelada del todo por la obediencia y los sufrimientos de Cristo, y que, apaciguada y satisfecha, Dios estaba "pronto para perdonar". Tan entera fue la obra de Jesús, tan infinita y satisfactoria su obediencia, que la ley de Dios los absuelve y nunca más podrá condenarlos: "Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús".
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - October 20
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.