Tercero, cuando cerráis los ojos para dormir, recordad que no será mucho antes que la muerte deba cerrar vuestros ojos.
Cuarto, cuando despertáis por la mañana, recordad que en la resurrección todos habréis de levantaros del sepulcro, ¡y que los justos resucitarán a la bienaventuranza eterna, pero los impíos a la miseria eterna!
Es dicho de un hombre pagano que toda la vida de un hombre no debería ser otra cosa que una meditación sobre la muerte. Y es dicho de Moisés, Deuteronomio 3.29: "¡Oh, que fueran sabios los hombres y entendieran esto, y que consideraran su postrimería!" Amados, la mayor parte de la sabiduría es recordar cada día nuestra postrimería. Aquel hombre es el único hombre sabio y feliz en la vida y en la muerte que siempre tiene presente su muerte.
Pero antes de terminar, debo responder una pregunta: ¿No es la muerte de los impíos comparada en la Escritura a un sueño, igual que la muerte de los piadosos?
Respondo que los hombres impíos en la Escritura son dichos dormirse cuando mueren. Se dice del idólatra Jeroboam que durmió con sus padres. De Baasa y de Omri, aquellos reyes impíos, que durmieron con sus padres.
Pero entonces la pregunta será: ¿En qué sentido se compara la muerte de los impíos a un sueño?
Respuesta. Así como un hombre que está dormido a veces no obtiene provecho, descanso ni alivio alguno de ello; y cuando el enfermo despierta, muchas veces está más enfermo que antes de dormirse. Algunos hombres son muy perturbados en sus sueños por ensueños horribles y temibles. Nabucodonosor, cuando estaba dormido, tuvo un sueño espantosísimo, y al despertar quedó pasmado por él.
Así es con un hombre impío. La muerte para un hombre impío es un sueño, pero un sueño aterrador. Su alma va inmediatamente al infierno, donde es abrasada con fuego que nunca ha de apagarse, y donde el gusano que nunca muere está siempre royéndola.
El cuerpo, en efecto, yace en el sepulcro dormido, pero ¿cómo? Así como un malhechor que duerme en la prisión la noche antes de ser ejecutado, pero al despertar es arrastrado y conducido a la ejecución. Así el impío se duerme en la muerte; pero cuando despierta, despierta a condenación eterna.
Pero un hijo de Dios, cuando duerme el sueño de la muerte, duerme en la casa de su Padre; y cuando despierta, despierta a la bienaventuranza eterna.
Uso 4. Y esto abre paso al cuarto y último Uso, que es un Uso de grandísima importancia. Y es para rogaros a todos que viváis de tal manera que, cuando os durmáis, durmáis un sueño feliz.
Fuente y atribución
Autor original: Edmund Calamy
Título original: A Funeral Sermon for Christopher Love — parte 8
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Edmund Calamy, publicado originalmente en Grace Gems.