Hay tiempos en nuestra experiencia espiritual en que el consejo humano o la simpatía, o las ordenanzas religiosas, no logran consolarnos ni ayudarnos. ¿Por qué permite esto nuestro Dios bondadoso? Quizá sea porque hemos vivido demasiado sin él—y por eso quita todo apoyo en el que hemos estado acostumbrados a depender, ¡para conducirnos a sí mismo! Es una bendición vivir en el manantial mismo. Mientras nuestras cantimploras están llenas, estamos contentos, como Agar e Ismael, de ir al desierto; pero cuando estas se secan—nada nos sirve sino nuestro Dios.
Somos como el pródigo, amamos los pesebres—¡y olvidamos la casa del Padre! Recordad, podemos hacer pesebres y cáscaras aun con las formas de la religión. Son cosas benditas—pero podemos ponerlas en el lugar de Dios, y entonces no tienen valor. Cualquier cosa se vuelve un ídolo—cuando nos aparta de Dios. Aun la serpiente de bronce ha de despreciarse como "Nehustán" si la adoramos en lugar de Dios. El pródigo nunca estuvo más seguro—que cuando fue lanzado al seno de su padre, porque no hallaba sustento en ningún otro lugar.
Nuestro Señor nos favorece con hambre—para que le busquemos a él tanto más. La mejor posición del cristiano es vivir entera y directamente de la gracia de Dios—permaneciendo aún donde estuvo al principio: "No teniendo nada, y, sin embargo, poseyéndolo todo." Jamás pensemos ni por un instante que nuestra aceptación ante Dios radica en nuestra santificación, nuestra mortificación, nuestras gracias o nuestros sentimientos. Sabed más bien que, porque Cristo ofreció una expiación plena, somos salvos; pues en él estamos completos. No teniendo nada propio en que confiar—sino descansando solo en los méritos de Jesús—su pasión y su santa vida nos brindan el único fundamento seguro de confianza. Amados, cuando se nos lleva a una condición de sed—¡seguramente nos volveremos con anhelo a la fuente de la vida!
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: October 16 — Evening
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.