Flores de un jardín puritano

¿A quién más iríamos sino a Dios?

Así como la creación entera busca instintivamente su fuente de vida, el creyente halla en Dios toda satisfacción y no encuentra consuelo fuera de Él.

Los árboles que reciben vida de la tierra y del sol envían sus ramas hacia el sol, y extienden sus raíces en la tierra que los hizo nacer. Los peces no viven fuera del agua que los cría. Los pollitos no bien salen del cascarón se cobijan bajo las plumas de la gallina que los incubó al principio. El corderito corre hacia su madre, aunque haya mil ovejas de la misma lana y color. Por un deseo así, nativo e innato, los santos corren a Dios para buscar provisión de fuerza y nutrición.

Esta es una excelente lección para todo creyente. Todos nuestros instintos debieran llevarnos a nuestro Dios. No deberíamos necesitar ni siquiera dirección, y mucho menos impulso, hacia la gran fuente de nuestra vida espiritual. Debíamos buscar al Señor de día en día tan naturalmente como el río busca el océano, o la oveja su pasto, o el ave su nido. "Oh Dios, tú eres mi Dios; te buscaré temprano", debiera ser el clamor perpetuo de nuestro corazón. Adelante y hacia arriba sea aún nuestro movimiento: un ardor secreto siempre ardiendo en nosotros hacia el Señor nuestro Dios.

¿A quién más iríamos? Esta pregunta nunca ha recibido respuesta, y nunca la recibirá. Así como hallamos todo en Dios, así no hallamos satisfacción alguna fuera de Él. Lo que el pez sería sin agua, o el pollito sin la gallina, eso seríamos nosotros sin nuestro Dios.

"¿A quién tengo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; mas Dios es el fortalecimiento de mi corazón y mi porción para siempre." Salmo 73:25-26

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: To whom else should we go?

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

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