¡Amamos los comederos de los cerdos y olvidamos la casa del Padre!
«Contigo está la fuente de la vida.» Salmo 36:9
Hay tiempos en nuestra experiencia espiritual en los que el consejo o la simpatía humana, o las ordenanzas religiosas, no logran consolarnos ni ayudarnos. ¿Por qué permite esto nuestro Dios bondadoso? Tal vez sea porque hemos estado viviendo demasiado lejos de Él, y por eso quita todo apoyo sobre el cual solíamos depender, para llevarnos a Sí mismo. Es una bendita cosa vivir en el manantial. Mientras nuestras cantimploras están llenas, estamos contentos, como Agar e Ismael, de ir al desierto; pero cuando estas se secan, nada nos sirve sino nuestro Dios.
Somos como el hijo pródigo: ¡amamos los comederos de los cerdos y olvidamos la casa del Padre! Recuerda, podemos hacer comederos de cerdos y vainas incluso de las formas de la religión. Son cosas benditas, pero podemos ponerlas en el lugar de Dios, y entonces no tienen ningún valor. ¡Cualquier cosa se convierte en un ídolo cuando nos aleja de Dios! El pródigo nunca estuvo más seguro que cuando fue llevado al seno de su padre, porque no podía hallar sustento en ningún otro lugar.
Nuestro Señor nos favorece con una hambre, para que nos haga buscarle a Él con mayor fervor. La mejor posición para un cristiano es vivir entera y directamente de la gracia de Dios. Amados, ¡cuando se nos lleva a una condición de sed, seguros que volveremos a la fuente de la vida con anhelo!
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: Spurgeon Treasures — We love the swine-troughs—and forget our Father's house!
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.