El cristiano anciano

Aprende a confiar en Dios al declinar de la vida

Una exhortación al cristiano anciano a esperar con tranquilidad la hora de partir hacia el cielo, y a los jóvenes a reverenciar la ancianidad adornada con gracia.

Aprende, pues, a confiar en aquel que puede aliviar todo dolor; cuya presencia y promesa pueden sostenerte cuando todo lo demás se aleja de ti. No te avergüences ahora de confiar en aquel a quien siempre has hallado fiel. Que los impíos se inquieten, se afanen y sean miserables en esta estación declinante; pero tú, que tienes un Dios, una promesa, un guía, un Salvador, jamás debes desanimarte.

¡Considera cuán pronto estarás en el cielo! Es solo un corto paso el que tienes que dar. Unos pocos momentos, y el reloj marcará tu última hora. Una hora solemne, en verdad; pero una hora, por encima de todas las demás, ¡la más deleitosa para ti! La hora en que te despojarás de las cadenas de la mortalidad. La hora en que te despedirás para siempre de todos los dolores y pecados, tentaciones y tristezas con los que por tanto tiempo has luchado. Para esta hora feliz, cristiano anciano, espera con tranquilidad. Se acerca veloz; seguramente vendrá. Que tu corazón se regocije en el pensamiento de su llegada. Mira al cielo, para que puedas captar un rayo de gloria celestial; para que tu rostro aún resplandezca; y, como un siervo fiel, escuchando con ávido anhelo aquella voz que pronto dirá: "¡Sube aquí, y siéntate conmigo en mi trono!"

Sin embargo, mientras sea la voluntad divina que continúes aquí en este pobre mundo, sé siempre cuidadoso de dar un buen ejemplo. ¡Cuántos te miran! ¡Cuántos observan tu carácter y notan tu conducta! "Los ancianos (dice el apóstol) deben ser sobrios, graves, templados, sanos en la fe, en la caridad y en la paciencia." Tito 2:2.

Sé fiel a tu puesto. Velad contra los males que acompañan a la vejez. Tú conoces la verdad; has experimentado por largo tiempo su poder. El día está ya casi terminado; la tarde se aproxima; deja que el sol se ponga en su gloria, y, como aquel astro, irradiando los objetos circundantes y reflejando su esplendor aun cuando él mismo ya no es visible al ojo desnudo. Así muchos se regocijarán en tu luz, y darán gracias al Padre de las misericordias porque has sido capacitado para adornar su Evangelio, y al fin morir en su servicio.

Que los cristianos jóvenes aprendan a reverenciar a los ancianos. Siempre hay algo venerable en la vejez; pero hay algo hermoso en ella cuando está adornada con las gracias cristianas. "Es, en verdad, infinitamente mejor estar lleno de gracia que lleno de días; pero estar lleno de días y lleno de gracia, ¡qué espectáculo tan venerable! Estar lleno de años y lleno de fe, lleno de buenas obras, lleno de los frutos de justicia que son por Cristo, ¡cuán hermoso y amable!"

Acércate, cristiano joven, a estos venerables personajes. Siéntate a sus pies; enciende tu pequeña luz con su antorcha encendida; pregúntales por el camino que han recorrido; respeta su testimonio; escucha sus declaraciones. Así obtendrás sabiduría de su instrucción, prudencia de sus consejos, y recogerás mil nuevos motivos para avanzar en el sendero celestial.

Fuente y atribución

Autor original: Charles Buck

Título original: The Aged Christian — parte 9

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Buck, publicado originalmente en Grace Gems.

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