Acuérdate, también, de tratarlos siempre con ternura, soportar sus debilidades, pedir sus oraciones; suaviza, en lo posible, todo cuidado, para que puedan bajar a la sepultura sin turbación, y bendecir a Dios al ver a otros que vienen adelante para suplir los lugares de aquellos a quienes la vejez ha paralítico o la muerte ha arrebatado.
Mi querido lector, ¿deseas ser feliz en la vejez? Entonces aprende a ser sabio siendo joven. Dar las primicias de nuestro tiempo al dios de este mundo, y los despojos de nuestra vida al Dios del cielo, ¡qué insulto! No es de extrañar que la vejez de algunos sea tan terriblemente amargada, cuando han pasado toda su vida en un curso de rebelión. Aprende, pues, a entregarte a Dios sin demora, y no pienses en posponer neciamente hasta que la vejez te sobrevenga.
Son muy pocos los casos de pecadores ancianos que se reforman. El vicio endurece; la comisión de cada pecado es como forjar otra cadena para atar al alma en la miseria. Es añadir fuerza a la naturaleza corrupta, y exponerse al mayor de los peligros. El solo pensamiento de esto debería hacer temblar a todo hombre que juzga necesario el cuidado de su alma y, sin embargo, quiere diferirlo para la última parte de la vida.
Pero suponiendo que al fin se conceda el perdón de los pecados y el arrepentimiento, ¡cuán miserable será reflexionar sobre los males cometidos, la larga serie de dolorosas consecuencias que han seguido, y que quizá nunca puedan ser remediadas, no, ni aun en la eternidad! ¡Oh, cuán terrible pensar que yo, con un ejemplo pecaminoso, he sido la ocasión de la ruina eterna de un hijo, de una hija, de un siervo, de un vecino! ¡Qué sentimientos debo tener, qué lágrimas debo derramar, y qué sombría nube se extenderá sobre mi vejez!
Déjame suplicarte, querido lector, si aún no conoces las cosas divinas, que no te entregues ya más a los pensamientos de dilación. Es la verdadera religión la única que puede hacer agradable la vejez y bienvenida la muerte.
Espíritu Santo, penetra los corazones de los indiferentes. Que te busquen mientras puedes ser hallado. Muéstrales su miseria y pecaminosidad. Condúcelos al Salvador de los pecadores. En él reposen ahora, y cuando lleguen los días declinantes de la vida, desciendan con paz a la sepultura, y sean para siempre con el Señor. Amén.
Fuente y atribución
Autor original: Charles Buck
Título original: The Aged Christian — parte 10
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Buck, publicado originalmente en Grace Gems.