Como no hay un solo instante de tiempo del que no deba dar cuenta, así tampoco hay nada que me suceda que no deba aprovechar. Las miserias debo aprovecharlas para recordarme mi linaje, que mi primer padre pecó. Las misericordias, para admirar la fuente de donde manan y la libertad con que fluyen. La prosperidad, en devoción alegre. La adversidad, en reflexión. Las riquezas, en caridad. La pobreza, en contentamiento. La oportunidad de venganza, en un perdón franco y en hacer bien por el mal. La mala compañía, en elevar mi estimación del pueblo de Dios. La muerte de los seres queridos, en desatar mis afectos de la criatura, elevarlos al mundo inmortal y recordar mi fin.
La enfermedad, en prepararme para mi cambio eterno. La salud, en el desempeño alegre de los deberes cristianos, relativos y sociales. El conocimiento, en examinarlo todo y retener lo mejor. Las cruces y las pérdidas, en aprender la vanidad del mundo. Las respuestas a la oración, en retornos de alabanza. Las demoras, en paciencia. Las decepciones, en resignación. Los cambios en mi suerte, en sumisión. El alboroto de los reinos, en recordar que Dios gobierna a las naciones y calma los tumultos de los pueblos. La tentación al pecado, en huir a la gracia de Dios, desconfiar de mí mismo y aprovechar la promesa. El amigo traicionero, en adorar la fidelidad de Dios. Las contiendas y discordias en la iglesia o en el estado, en admirar el estado eterno y feliz, cuando los adoradores sean uno delante del trono.
Las bendiciones espirituales, en humildad. Los abandonos espirituales, en santa diligencia. Los correctivos de Dios, en enmiendas. Los dones, para edificación de otros. El tiempo, para la eternidad. La gracia, para la gloria. Y mi alma, en todas sus facultades, para Dios.
Fuente y atribución
Autor original: James Meikle
Título original: Universal Improvement
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de James Meikle, publicado originalmente en Grace Gems.