A medida que se acercaban los acontecimientos tremendos que señalaron el cierre de Su peregrinación, sigue siendo Betania la que principalmente se asocia con ellos. Fue en Betania donde las temibles visiones de Su cruz y pasión proyectaron su sombra sobre Su camino. Desde sus apacibles palmeras partió en el viaje de Su último día a través del monte de los Olivos. Fue con Betania a la vista que ascendió al cielo. Su suelo fue el último que pisó; sus hogares, los últimos en que se posó Su mirada cuando la nube lo recibió en la gloria. Los rayos del Sol de Justicia parecían amar detenerse en esta altura consagrada.
No podemos dudar que muchos incidentes referentes a Sus frecuentes estadas allí quedan sin registrar. En más de una ocasión, en efecto, sólo tenemos el sencillo anuncio del relato inspirado de que se retiraba de Jerusalén durante toda la noche a la aldea donde habitaba su amigo Lázaro. No nos atrevemos a descorrer más el velo del que permite la Palabra de Dios. Demos gracias por lo que tenemos de las gratas revelaciones aquí concedidas de Su vida íntima: la amplia entremezcla de doctrina, consuelo, consolación e instrucción en justicia. Sus dichos de Betania son para todos los tiempos; han “recorrido toda la tierra”; ¡Sus palabras de Betania, “hasta el fin del mundo”! Como su propio vaso de alabastro de ungüento precioso, “dondequiera que se predique el Evangelio”, estos serán tenidos en memoria con gratitud.
Juan, de entre todos los Evangelistas, estaba mejor capacitado para hacer justicia a este cuadro sin par. Bautizado él mismo con el espíritu de amor, su pluma inspirada podía retratar mejor las luces y sombras de este hogar amable y amoroso. Preeminente como su Señor, podía trazar mejor que nadie la escena entre todas donde la ternura de ese tierno Salvador resplandeció más conspicua. Él era el discípulo que se había recostado sobre Su pecho, al que Él había admitido a la comunión más próxima y confiada. Quisiera que la Iglesia, hasta el último instante del tiempo, disfrutara de lo mismo. Interrumpe, pues, el curso de su relato para descorrer el velo que envuelve la vida privada de Jesús, y presentarlo a todas las edades en la entrañable actitud y relación de un Amigo humano. ¡Emmanuel se transfigura en este Monte del Amor antes de Su pasión y Su gloria! La escena de Betania, con sus tintes de suave y apacible luz solar, forma un grato fondo para los acontecimientos más tristes y terribles que se agolpan en los capítulos finales del Evangelio.
Fuente y atribución
Autor original: John MacDuff
Título original: Memories of Bethany — chapter 1
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.