De cualquier otra manera que estudiemos la Biblia, hay un uso personal de ella en las devociones del aposento que ningún cristiano debería dejar de hacer. Nos ayudará mucho en nuestro estudio devocional tener un concepto claro de la ayuda que la Biblia está diseñada a brindarnos.
La Biblia es nuestra única regla infalible de fe y conducta. Nos enseña, según una fórmula venerable, “lo que hemos de creer acerca de Dios — y el deber que Dios exige del hombre.”
Debemos, pues, estudiar la Biblia para conocer a Dios. Ella nos revela el carácter de Dios. Nos dice cuáles son sus perfecciones y atributos. El Antiguo Testamento contiene muchas de tales revelaciones en lo que enseñaron los profetas y cantaron los salmistas. Sin embargo, solo en el Nuevo Testamento tenemos la plena revelación de Dios, cuando “el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y contemplamos su gloria.” Así, en la Epístola a los Hebreos leemos que “En el pasado Dios habló a nuestros antepasados muchas veces y de diversas maneras por medio de los profetas, pero en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por medio de quien hizo el universo.” Hebreos 1:1-2.
Si queremos conocer el carácter de Dios y cómo él nos considera, debemos estudiar las Escrituras.
Luego debemos también escudriñar las Escrituras para aprender cuál es nuestro deber — cómo debemos vivir. Esto se nos hace muy claro, no en un solo capítulo o sección — sino a lo largo de todo el libro.
Sin embargo, la Biblia no se limita a darnos series de reglas que nos indiquen qué hacer en tal o cual caso; más bien, nos da grandes principios que han de regir nuestra vida. Por ejemplo, el resumen de los mandamientos es: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente”, y “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” Siempre, el amor a Dios ha de ser primero y ha de gobernar toda elección, toda decisión. Luego, el amor a nuestro prójimo ha de guiarnos en todas nuestras relaciones humanas.
En toda nuestra lectura devocional, debemos tener siempre presente lo que la Biblia está destinada a ser para nosotros, y leerla para descubrir cuál es la voluntad de Dios para con nosotros. Esto dará definitividad de propósito al estudio de las Escrituras. Así no abriremos el libro al azar y repasaremos unos pocos versículos como un mero deber. Esta es la forma en que algunas personas siempre se conducen con la Biblia. Les han enseñado que deben leerla todos los días, y no se atreverían a omitir ese deber. Pero no tienen concepción de la razón por la cual lo hacen. No saben qué se espera que encuentren en ella.
Tal uso de la Biblia no producirá ninguna bendición. Debe acudirse a ella con sincera reverencia, como algo que contiene las palabras de Dios para nosotros. Luego debemos estar resueltos a aceptar sus enseñanzas y a incorporarlas a nuestra vida. Si nos revela alguna falta en nosotros mismos, debemos apresurarnos a deshacernos de la falta. Si nos muestra que algo que estamos haciendo es pecaminoso, desagrada a Dios y daña nuestra propia alma, debemos desechar de inmediato lo ofensivo. Si, al leer las sagradas palabras, nos damos cuenta de que hemos faltado a algún deber de amor hacia otro, dejando sin hacer algo que debiéramos hacer, entonces debemos comenzar de inmediato a cumplir el deber descuidado.
Si en nuestra lección matinal tenemos una visión de alguna hermosura de carácter aún no alcanzada, no debemos ser desobedientes a la visión celestial — sino esforzarnos con empeño por alcanzar la elevada experiencia que así se nos muestra como posible. Puede que estemos desanimados al abrir el libro, y en el pasaje que leemos puede haber una palabra de esperanza que nos llame a una vida victoriosa. Pues la Biblia, de principio a fin, es un libro de aliento. Nunca nos dice que sea nuestro deber desalentarnos ni desesperarnos. Siempre nos llama a levantarnos de nuestro temor y de nuestro fracaso, y a comenzar de nuevo. Siempre nos asegura que no hay razón para la desesperación, que nunca debemos rendirnos, que del mayor aparente fracaso podemos llegar a ser más que vencedores por medio de Cristo que nos ama. Cuando este sea el mensaje que encontremos en nuestro pasaje diario, debemos al instante elevar nuestro corazón y comenzar a regocijarnos.
O podemos estar en aflicción, atravesando un duelo o soportando una gran pérdida. Entonces el mensaje que la Escritura tiene para nosotros es de consuelo. No basta con leer las promesas o seguranzas que encontramos, sin prestarles atención, sin permitir que influyan en nosotros. Más bien debemos recibirlas como palabras de Dios para nosotros y dejar que las verdades que nos comunican entren en nuestro corazón, para ayudarnos en nuestra aflicción. Por ejemplo, cuando leemos las palabras del Maestro: “La paz os dejo, mi paz os doy”, debemos aceptar al instante el don que él ofrece, permitiendo que su paz tome posesión de nosotros y llene nuestro corazón.
Si leemos la Biblia de este modo, en nuestro aposento devocional, ella llegará a ser la guía de nuestra vida, la lámpara para nuestros pies, la luz para nuestro camino. Un solo versículo por la mañana, aunque haya tiempo solo para un versículo, nos fortalecerá para todos los deberes y luchas del día.
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: How to Read the Bible
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.