Las ofensas vendrán, tanto de los impíos como de otros creyentes. Vivimos en un mundo impío y formamos parte de una Iglesia imperfecta. No debemos, pues, esperar vernos libres de agravios y heridas, de los cuales ninguno ha sido exceptuado, ni siquiera nuestro Señor, quien además de los agravios que personalmente padeció fue «herido por nuestras rebeliones».
¿Cómo debemos conducirnos, como creyentes en Jesús, bajo el sentimiento de la injuria y la injusticia? ¿Tomaremos la ley en nuestras manos? ¿Nos vengaremos? Dios nos libre. La ley del deber cristiano está claramente trazada: «No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios». Esto no significa que el mal quede sin castigo ni que la calumnia quede sin refutar; el cristiano, al someterse a la ley de Cristo, no deja de ser ciudadano, y puede reclamar justicia en los tribunales humanos, como lo hicieron el Señor y el apóstol Pablo.
Pero el terreno más alto que el creyente debe pisar ante toda injuria es llevar primero su causa al tribunal de Dios, encomendándola a Cristo, su Abogado. ¡Oh, qué Abogado tan poderoso y qué Consejero tan admirable es Cristo! Él vindicará tu causa, refutará la calumnia, hará callar la lengua mentirosa y sacará tu justicia como la luz. Y sobre todo, ¡cuán bienaventurado es reposar confiadamente en el seno de Jesús en medio de las críticas y envidias de los hombres! Allí refugiado, ¿quién podrá dañarnos? Él nos esconderá en lo secreto de su presencia de la soberbia del hombre y nos guardará en un pabellón de la contienda de las lenguas.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: PATIENT ENDURANCE OF WRONG
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.