Pero en el momento mismo en que confesó, a la respuesta de su oración de penitencia llegó la seguridad del perdón: «Mi pecado te reconocí, y no encubrí mi iniquidad; dije: Confesaré mis rebeliones a Jehová; y tú perdonaste la culpa de mi pecado» (Salmos 32:5). Ese es siempre el camino. A Dios le agrada perdonar. Al instante en que oye la voz del arrepentimiento, pronuncia la palabra de remisión. Así aprendemos el único modo de librarnos de nuestros pecados: debemos sacarlos de nuestro corazón mediante una confesión sincera y humilde. Entonces ya no nos turbarán más para siempre.
Algunos intentan huir de sus pecados, pero nunca pueden alejarse de ellos, pues sus pecados son parte de sí mismos. Otros intentan esconderse de Dios cuando han pecado, y esto también es un esfuerzo en vano. Adán y Eva lo intentaron, ocultándose en el huerto después de su transgresión, al oír los pasos de Dios que se acercaba. La única huida segura del pecado y de Dios es a Dios. En su misericordia hay refugio seguro y eterno.
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Miller's Year Book - November 7
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.