Salomón llega a la experiencia; pone la mano sobre el lugar acertado. Se trata de conocer la «propia llaga» y el «propio dolor». Usted puede conocer los de otro hombre; eso no le aprovechará. Puede leer de la experiencia en libros, amar oír a ministros experimentales y no querer oír a ningún otro; y aun así no conocer su «propia llaga», su «propio dolor». Como un médico que puede conocer los síntomas de toda dolencia y, sin embargo, no padecer una sola; así usted puede oír descrito cada síntoma de cada enfermedad y, con todo, no ser tocado por ninguna.
Pero el hombre por quien ora Salomón, aquel que conoce y siente, que siente dolorosamente, su «propia llaga» y su «propio dolor», cuyo corazón es de verdad una pena para él, cuyos pecados le inquietan de veras. ¡Cuán dolorosa es a menudo esta llaga! ¡Cómo supura de noche y de día! ¡Cuán llena de materia ulcerosa, y cuánto se encoge ante la sonda! La mayor parte de la familia del Señor tiene una «llaga»; cada uno, algún punto tierno, algo acaso conocido sólo por él y por Dios, causa de su mayor pena. Puede ser algún tropiezo secreto, algún pecado que ha cometido, alguna palabra que ha pronunciado o alguna mala obra que ha hecho. Ha sido enredado, atrapado y abatido; y esta es su pena y su llaga que siente, a veces profundamente, delante de Dios. Por tal persona ora Salomón: echa su red sobre el lado derecho de la barca y dice: «Entonces oye desde los cielos, tu morada, y perdona, y da a cada uno conforme a sus caminos, cuyo corazón tú conoces; porque tú solo conoces los corazones de los hijos de los hombres». Sí; Dios solo conoce el corazón; lo conoce por completo y ve hasta su mismo fondo.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: July 17
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.