El pueblo de Dios no puede tomar su religión a crédito; no puede conformarse con el respaldo de este o aquel buen hombre. Debe tenerla obrada por el mismo Dios. A menudo se ejercitan respecto al origen de su religión. ¿No lo encuentran así, y no les cuesta muchos ejercicios? Si, por ejemplo, están abatidos, se ejercitan sobre si proviene de un dolor piadoso por el pecado. Si son consolados, no pueden dar la consolación por sentada; deben pesarla en la balanza del evangelio. Si se topan con liberaciones providenciales, no pueden tomarlas como evidencias ciertas de que todo está bien con su alma. De modo que cada paso que dan han de examinarlo y ponderar si es de Dios.
Los profesantes muertos, los hipócritas de Sion, nunca tienen su religión probada y pesada de esta manera. No saben nada de estos ejercicios internos. Dan las cosas por sentadas; se cobijan bajo el ala de algún buen hombre, o consiguen que su religión sea respaldada por algún ministro, y se satisfacen.
Pero el pueblo de Dios debe tener testimonios del Señor mismo; y a menudo serán ejercitados agudamente sobre si tienen en sus almas esa obra que resistirá la hora de la prueba. Y si, en respuesta a sus clamores, el Señor se sirve de resplandecer en sus almas y levantar claros testimonios de que es del cielo, esto llena sus corazones de gratitud, hunde las cosas del tiempo y de los sentidos, y eleva sus afectos hacia aquella fuente bendita de donde descendieron tales testimonios. Así, aquellas cosas mismas que parecen contra ellos son para ellos, y sacan sus más dulces consuelos de sus aflicciones más pesadas. No cambiarían su sendero de pruebas, con todas sus amarguras, por el sendero liso y florido en el que ven caminar a miles, sabiendo que una religión sin pruebas y tentaciones solo conducirá el alma a un infierno sin fin.
Así, a veces pueden sentir el bien que brota de sus ejercicios, y preferirían ser todos sus días un pueblo tentado y probado, y soportar aquellas cosas que Dios inflige, antes que caminar por una senda que parece recta a los ojos del hombre y al fin hallar destrucción eterna. Preferirían tener aquellos castigos que prueban que son hijos y no bastardos, antes que andar por un camino que agrada la carne, cuyo fin es condenación eterna.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: July 16
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.