¿Por qué permitió Jesús que se le inscribiera entre los pecadores? Esta asombrosa condescendencia estuvo justificada por muchas y poderosas razones.
En tal carácter podía llegar a ser mejor su abogado. En algunos juicios hay una identificación del abogado con el cliente, y no pueden ser considerados ante la ley como separados el uno del otro. Ahora, cuando el pecador es llevado al banquillo, Jesús aparece allí Él mismo. Se levanta para responder a la acusación. Señala su costado, sus manos, sus pies, y desafía a la Justicia a traer algo contra los pecadores a quienes Él representa. Alega su sangre, y lo hace con tal triunfo, al ser contado con ellos y tener parte con ellos, que el Juez proclama: "¡Dejadlos ir su camino; libradlos de descender al abismo, porque yo he hallado el rescate!"
Nuestro Señor Jesús fue contado con los transgresores a fin de que ellos sintieran sus corazones atraídos hacia Él. ¿Quién puede temer a aquel que está escrito en la misma lista que nosotros? Sin duda podemos acercarnos a Él con libertad y confesar nuestra culpa. El que es contado con nosotros no puede condenarnos. ¿Acaso no fue Él inscrito en la lista de los transgresores para que nosotros fuéramos escritos en el rollo rojo de los santos? Él era santo, y escrito entre los santos; nosotros éramos culpables, y contados entre los culpables; Él transfiere su nombre de aquella lista a esta negra acusación, y nuestros nombres son quitados de la acusación y escritos en el rollo de aceptación, porque se hace un intercambio completo entre Jesús y su pueblo. Todo nuestro estado de miseria y de pecado, Jesús lo ha tomado; y todo lo que Jesús tiene, viene a nosotros. Su justicia, su sangre y todo lo que Él tiene, nos lo da como dote. ¡Alégrate, creyente, en tu unión con Aquel que fue contado entre los transgresores, y demuestra que eres verdaderamente salvo al ser manifiestamente contado con los que son nuevas criaturas en Él!
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: March 30 — Morning
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.