Hubo un honor, pero no aún una glorificación, de nuestra humanidad cuando el Hijo de Dios la asumió. Su unión con la Deidad, su plenitud del Espíritu, su santidad inmaculada y su comunión íntima con Dios la invistieron de una dignidad que ninguna criatura había alcanzado jamás. Pero no fue glorificada hasta su ascensión al cielo. ¡Por cuánta humillación pasó, qué indignidad soportó mientras estuvo aquí abajo! Tuvo hambre, tuvo sed, trabajó, se entristeció, lloró, sufrió, sangró y murió. Fue azotado, herido, escarnecido, golpeado, escupido, clavado al madero, traspasado y muerto. ¿Qué ojo, sino el de la fe, puede discernir a través de tanta degradación a la persona del Dios encarnado?
Pero ahora «vemos a Jesús, que fue hecho un poco menor que los ángeles, a causa del padecimiento de la muerte, coronado de gloria y de honra». Juan, desterrado en Patmos, fue favorecido con una visión de su humanidad glorificada: sus ojos como llama de fuego, sus pies como bronce bruñido, su voz como muchas aguas y su rostro como el sol en su fuerza. Cuando cayó a sus pies como muerto, el Señor puso su mano sobre él y le dijo: «No temas; yo soy el primero y el último; el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos». El mismo tabernáculo de carne que habitó aquí, lo llevó consigo al cielo y se sentó con él en el trono. Allí está, sobre ángeles y santos, en unión eterna con la Deidad, bañándose en plenitud de gozo y bebiendo hondo de los deleites que están a la diestra de Dios para siempre. Ya el pecado no lo oprime, ni la tristeza lo nubla, ni la debilidad se le apega: se regocija en los resplandores de la gloria de Dios y nada en el océano de su inefable amor.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - September 28
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.