Sin un Salvador crucificado no podría haber retorno posible a Dios; de ninguna otra manera podría Él, de acuerdo con la santidad y la rectitud de su gobierno, recibir a un pecador pobre, errante y arrepentido. El mero arrepentimiento y la confesión del pecado no podrían dar derecho al alma a ningún acto de perdón. La obediencia y la muerte del Señor Jesús fundaron y abrieron el camino para el ejercicio de este acto soberano de gracia. La cruz de Jesús muestra la exhibición más terrible del odio de Dios al pecado y, al mismo tiempo, la manifestación más augusta de su disposición para perdonarlo. El perdón, pleno y libre, está escrito en cada gota de sangre, proclamado en cada gemido y resplandece en el prodigio de misericordia que cierra la escena solemne. ¡Bendita puerta de retorno, abierta y nunca cerrada para el que se alejó de Dios! Aquí pueden venir el pecaminoso, el vil, el culpable, el indigno, el pobre. Aquí el espíritu cansado puede traer su carga, el quebrantado su dolor, el culpable su pecado, el descarriado su extravío. Todos son bienvenidos.
La muerte de Jesús fue la apertura y el derramamiento del corazón lleno de Dios; fue el brotar de ese océano de misericordia infinita que anhelaba una salida. ¿Qué más podría haber hecho que esto? ¿Qué prueba más fuerte, qué regalo más rico podría haber dado? La simple fe en este amor hace descender la marea del gozo al alma, deshace la dureza, rompe la roca pedernal, derriba la pirámide del fariseísmo y envuelve al alma creyente en los brazos del amor gratuito y soberano. Y si el Señor ha restaurado tu alma, recuerda por qué lo ha hecho: para haciste aborrecer tus pecados. Nunca se odia tan sinceramente el pecado, nunca se llora tan amargamente ni se abandona tan por completo, como cuando Él habla al corazón y dice: «Tus pecados te son perdonados; ve en paz». Hay además un constante suplicar de la sangre de Cristo, nuestro Sacerdote, ante el trono; y por eso el creyente que vuelve puede acercarse con mano temblorosa y tocar el cetro: «Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo».
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - September 29
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.