¡Oh, cuántos santos vivos hay que quieren creer en Jesús, que anhelan confiar en su santo nombre, y sin embargo no pueden, tan acosados y hostigados están por los levantamientos de la incredulidad interior! Sabe que aún no cree en él de tal modo que obtenga liberación; pues tiene un testimonio interior en su conciencia de que, si creyera en el Señor Jesús por el poder del Espíritu Santo, ello traería el amor de Dios a su corazón, arrancaría el aguijón de la muerte y lo llenaría de gozo y paz. Pero mientras se sienta condenado por la ley y por su propia conciencia culpable, tiene un testimonio interior de que aún no posee esa fe viva en Cristo que, está persuadido, lo salvaría y libraría de todos sus temores culpables y aprensiones lúgubres. Por eso se afana tras esta fe especial, peculiar, en el Señor Jesús, para alcanzarla, o más bien, para que Dios, en su infinita misericordia, se la otorgue.
Aquí está, pues, el trabajo principal de la fe: creer en Jesucristo de modo que se obtenga perdón, paz y liberación. Mucha alma pobre trabaja duramente en esta obra, con la profunda y creciente convicción de que es una obra que no puede realizar sino por el poder inmediato de Dios. Tan poderoso antagonista es la incredulidad que, con todos sus esfuerzos, siente que no puede someterla ni levantar un solo grano de esa fe verdadera mediante la cual Cristo es traído experimentalmente al corazón. Pero esa misma lucha muestra claramente que hay vida dentro, una obra de Dios en su alma; pues de los movimientos de su gracia y de la oposición de su mente carnal a ellos procede todo este conflicto. Cuando entonces, a su tiempo, el bendito Espíritu acerca a Cristo a sus ojos y a su corazón, lo revela dentro, toma de su sangre expiatoria y la rocía sobre su conciencia, saca su justicia y la pone sobre él, y derrama el amor de Dios, entonces suscita esa fe especial en el Señor Jesús, por la cual el alma se cuelga y, si puedo usar la expresión, se engancha a su Persona como Dios-hombre, a su sangre como limpieza de todo pecado, a su justicia como justificadora perfecta, a su gracia como sobreabundante sobre toda abundancia del mal, y a su amor moribundo como cordial balsámico contra todos los males y tristezas que la afligen. Esto es creer en el Hijo de Dios; creer en Jesucristo para la salvación del alma.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: October 18
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.