«Acordaos de que en aquel tiempo estabais…
separados de Cristo,
excluidos de la ciudadanía de Israel,
y ajenos a los pactos de la promesa,
sin tener esperanza y
sin Dios en el mundo.» Efesios 2:12
Yo una vez estuve sin Cristo. Había oído de Jesús con el oír de los oídos, pero no le conocía en mi corazón y en mi vida. Él no era mi Salvador, mi Maestro, mi Rey, mi Amigo — la Necesidad de mi vida, a quien me volvía de continuo y con gozo. Yo estaba separado de Cristo.
Yo una vez estuve sin hogar. Estaba con frecuencia dentro de los muros de la iglesia, pero no hallaba en ella gozo alguno para el corazón. No era para mí el Palacio Hermoso; no era mi lugar de nacimiento espiritual, mi refugio, mi deleite. Yo estaba alienado de la ciudadanía de Israel.
Yo una vez estuve sin mensaje. La Biblia estaba a menudo en mis manos — pero sus advertencias no me conmovían, sus preceptos no me gobernaban, sus buenas nuevas no me alegraban. Yo era un extraño a los pactos de la promesa.
Yo una vez estuve sin esperanza. Profesaba que iba al Cielo. Pero esa creencia, siempre que la miraba de frente, me traía alarma, pues no tenía una verdadera esperanza.
Yo una vez estuve sin Dios. No era ateo en teoría ni de profesión — pero sí prácticamente un ateo. No me gobernaba el pensamiento de su presencia que llena todo el Cielo y la tierra. No me gozaba en su comunión. No buscaba su gloria. No, yo estaba sin Dios en el mundo que los dedos de Dios formaron.
Mi Señor, Tú has cambiado todo esto. Hoy volveré la mirada al hoyo de donde me has sacado. Esto profundizará mi humildad. Esto elevará mi alabanza.
«Pero Dios, que es rico en misericordia, por causa del gran amor con que nos amó, aun cuando estábamos muertos en nuestros delitos — nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y nos levantó con Él, y nos sentó con Él en los lugares celestiales en Cristo Jesús.» Efesios 2:4-6
Fuente y atribución
Autor original: Alexander Smellie
Título original: The Hour of Silence — Ephesians 2:12
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Alexander Smellie, publicado originalmente en Grace Gems.