Porciones diarias

Cristo el médico que sana cada mal del alma

Dios sana las enfermedades de su pueblo sometiéndolas; tiene un remedio exacto para cada caso, y lo aplica en el punto justo y en el tiempo justo; llevémosle pues todas nuestras dolencias.

¿Cómo sana Dios las enfermedades de su pueblo? Las sana sobre todo sometiéndolas; pues en esta vida nunca son sanadas por completo. La promesa dice: "El volverá a tener misericordia de nosotros; sujetará nuestras iniquidades". Sujetarlas es refrenar su poder. Así, ve a uno que sufre bajo el poder de la incredulidad y le da fe, lo cual somete su incredulidad. Ve a otro pobre paciente languido que se muere de agotamiento y le da fuerza. Ve a un tercero que se lamenta bajo sus corrupciones y le da una gota de su sangre para purgar su conciencia y un gusto de su amor para calentar su corazón. Ve a un cuarto que clama bajo los fuertes asaltos de Satanás; con una mirada Satanás huye y el alma queda libre. Así, con infinita sabiduría mezclada con infinito amor y poder, pasa de cama en cama de cada enfermo, administrando salud por dondequiera que va.

Este bendito Médico tiene un remedio para cada enfermedad, y el remedio se siente siempre exactamente adecuado a la necesidad del caso. Va, por así decirlo, derecho al punto indicado; sana el mal dondequiera que esté y cualquiera que sea, justamente del modo correcto y en el tiempo justo. ¡Oh, entonces, cuán bueno es llevar todas nuestras enfermedades del alma ante el Señor! En un caso de enfermedad corporal o dolencia penosa descubrimos libremente nuestro mal a un médico en quien confiamos; le contamos cada circunstancia y le manifestamos cada síntoma. Así deberíamos ir al Señor con todas nuestras enfermedades del alma, contarle todas nuestras quejas, abrirle todas nuestras penas y exponerle plena y libremente cuanto abruma la conciencia, aflige la mente y angustia el alma, esperando y aguardando hasta que él hable la palabra y todo mal quede sanado.

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: March 21

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

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