¡Oh, es una vista hermosa y santa la fuerte unión de un pastor y una iglesia! La tierra no presenta espectáculo de belleza moral que la supere, y los ángeles, inclinándose desde sus tronos en el cielo, deben contemplarla con nuevo éxtasis y deleite. No quisiéramos pronunciar una palabra que empañara la belleza o menoscabara la fuerza de tal unión. Sólo esto diríamos a la iglesia: recibid a vuestro pastor reverente y agradecidamente, como mensajero del Señor, teniéndole en mucha estima por amor a su obra; pero tenedlo infinitamente subordinado a Cristo, y con un agarre suave y flojo. Si es celestial y canal de bendición para vuestras almas, es don del Señor, y como tal debe ser considerado. Todo lo que posee de verdadero valor proviene de Jesús: sus dones, su gracia, su utilidad y su hermosura moral, y aun esos atractivos de persona y trato que, sin santa cautela, podrían fortalecer la idolatría del corazón y oscurecer la hermosura infinita de Cristo.
Prestad, pues, el oído y entregad el corazón a la exhortación necesaria: «No pongáis vuestro afecto en las cosas de la tierra». Cultivad un espíritu devoto y agradecido por el don de un ministro santo, afectuoso y útil; pero no reposéis en él, sino hasta llegar a Jesús. Dadle su lugar debido en vuestros afectos, un lugar infinitamente inferior al adorable Hijo de Dios, el don inefable de Dios. Él no es suyo, ni vuestro, sino del Señor; y Aquel cuyo es y a quien sirve, en el ejercicio de su sabiduría y voluntad soberanas, puede suspender por un tiempo sus labores, transferirlo a otra sección de la viña o, lo que sería más doloroso, quebrar el vaso de barro, aunque hermoso, y llevar a sí el tesoro precioso que contenía. Con todo, Cristo es todo, él es vuestro todo; y como Príncipe de los pastores y Obispo de su iglesia, jamás se apartará de ella. El secreto feliz de retener nuestras misericordias es recibir y gozar a Cristo en ellas; convertir toda bendición en ocasión de conocer, amar y disfrutar más de Jesús, sin el cual pobre sería la más costosa bendición. Así, nuestras bendiciones nos conducirían a Dios, nos postrarían más en el polvo a sus pies, llenarían el corazón de amor y la boca de alabanza, y ni siquiera temeríamos la idea de su remoción; o si fueran quitadas, quedaríamos completamente satisfechos con tener a Dios solo como porción y todo nuestro.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - September 19
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.