Dios mandó a Moisés recibir del pueblo aceite para la luz, y que levantara un candelero con siete lámparas, siempre encendidas con ese aceite, para iluminar el lugar santo. Esta luz era, sin duda, figura del Espíritu Santo; pero como sólo por su propia luz bondadosos el Señor Jesús es dado a conocer, podemos aún decir que, así como Cristo habita en el corazón por la fe, dándole la fe un lugar en el seno, Él habita en el entendimiento iluminado de sus santos, en la luz bondadosos de sus propias manifestaciones.
¿No habéis visto a veces maravillosa belleza en el evangelio? ¿No ha brillado, de cuando en cuando, una luz sagrada sobre la sagrada página cuando daba testimonio de Cristo? ¿No habéis visto maravillosa gloria en un evangelio libre, un evangelio que salva al pecador y, sin embargo, magnifica y glorifica la justicia de Dios; un evangelio que reconcilia todo atributo aparentemente discordante, hace que la justicia y la misericordia se besen, y muestra a Dios siendo justo y, al mismo tiempo, justificador de aquel que cree en Jesús? Pues bien, esa luz con la que visteis la gloria de Dios en el rostro de Jesucristo era luz del evangelio; y como Cristo entró en el corazón en la gloria de esa luz, puede decirse que habita en la luz resplandeciente de su propia gracia.
Podéis quejaros, y a menudo amargamente quejaros, de la oscuridad de vuestra mente, y puede pareceros a veces como si nunca hubierais tenido verdadera luz que brillara en vuestra alma. Pero quisiera que observarais cuidadosamente dos cosas. Primera, que la misma causa de la oscuridad que sentís es la presencia de luz. El apóstol, por tanto, dice: «Mas todas las cosas, cuando son reprochadas (al margen, ‘descubiertas’), son manifestadas por la luz; porque todo lo que se manifiesta, luz es» (Ef. 5:13). Aplicad estas palabras a vuestro caso. ¿No hay algo en vosotros que os descubre vuestra oscuridad, y no sólo la descubre, sino que la reprende y la manifiesta como algo digno de condenación? Este algo secreto es luz, porque «todo lo que se manifiesta, luz es». Y como no sólo lo veis, sino que lo sentís y os lamentáis bajo ello, es «la luz de vida» que el Señor prometió a los que le siguen.
Observad, en segundo lugar, que siempre que un poco de luz vuelve a alborear sobre vuestra alma, en esa luz volvéis a ver en Cristo la misma gracia y gloria que antes visteis en Él. ¡Qué prueba tan grande es esta de que Cristo habita en el corazón por la fe, y de que la luz en la que le vemos es la luz con la que Él ha iluminado nuestro entendimiento, y en la que Él mismo habita!
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: June 13
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.