Pensamientos vespertinos

Cristo intercede en el cielo por tu fe vacilante

Jesús, nuestro gran Sumo Sacerdote, no solo se ofreció una vez, sino que vive siempre para interceder; lleva tu nombre en su corazón y presenta tus oraciones imperfectas al Padre.

La obra de intercesión constituía una parte esencial y deleitosa del oficio sacerdotal de nuestro Señor Jesús. No sólo expiar, sino sobre el fundamento de esa expiación ejercer su oficio de abogado, y con el mérito de esa expiación comparecer ante Dios como intercesor, entraba igualmente en los compromisos de Cristo a favor de su pueblo. El tipo levítico arroja luz sobre esta obra. Aquel sumo sacerdote, en el día de la expiación, inmolaba la víctima en la parte exterior del tabernáculo; luego entraba tras el velo, llevando en sus manos la sangre, y la rociaba sobre el propiciatorio. Todo esto era un cuadro hermoso de la expiación y la intercesión de Jesús, nuestro gran Sumo Sacerdote. La base de su obra intercesora es esa misma sangre, con la cual ha satisfecho las demandas de la justicia y borrado para siempre el acta escrita que nos era contraria.

Sobre su expiación, Jesús se yergue como Intercesor en el cielo, adonde entró para rociar su sangre sobre el propiciatorio y presentar el incienso de sus méritos infinitos. Tras purgar nuestros pecados, se sentó para siempre a la diestra de Dios, no en ociosa holganza ni en frío olvido de su iglesia, sino para abogar y orar momento a momento al Padre, fundando su petición en la justicia y apoyándola en el mérito. «Vive siempre para interceder». Levanta los ojos, tú cuya fe es probada, y contempla tras el velo a tu Salvador, vestido de sus ropas sacerdotales, el gran Sumo Sacerdote del templo celestial, abogando por cada uno de los santos para que su fe débil y probada no falle. Sí, creyente atribulado y sufrido, tu nombre está allí, escrito no sólo en el libro de la vida del Cordero, sino en el corazón de amor del Cordero. ¿Por qué suben tus oraciones, mal formadas y débilmente exhaladas, con aceptación y poder ante el altar? Porque Jesús está en el cielo, y como Abogado aparta tu petición de toda imperfección, y como Sacerdote la purifica de todo pecado. Y en tus horas de tristeza solitaria, cuando el espíritu se agita y el corazón se hiere, apenas pensabas que tras aquel velo, tan misterioso para ti, estaba Uno, tu Amigo y Hermano, tu Abogado y Sacerdote, que conocía tu secreta pena y en ese mismo instante derramaba su alma en intercesión poderosa para que tu fe vacilante no cayera.

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: Evening Thoughts - November 29

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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