Sería erróneo suponer que los castigos de nuestro Padre celestial son en sí mismos placenteros y deseables. No lo son más que la receta del médico o el bisturí del cirujano. Pero así como en un caso como en el otro miramos más allá del remedio hasta sus virtudes sanadoras, olvidamos la amargura de la poción en sus resultados curativos. Así sucede con la medicina del alma: las aflicciones enviadas y santificadas por Dios. Olvidando lo amargo y doloroso de sus tratos, la única pregunta importante es: ¿cuál es la causa y el designio de mi Padre en esto? La respuesta es nuestra santificación más profunda.
Esto se logra, en primer lugar, haciéndonos conocer más a fondo la santidad de Dios mismo. El castigo santificado tiene una tendencia especial a esto. Nuestro sentido de la santidad de Dios, antes de esta dispensación, era esencialmente defectuoso, superficial y sin influencia. El juicio admitía la verdad; podíamos hablar de ella a otros y reconocerla en oración; pero había una vaguedad en nuestras concepciones que dejaba frío el corazón. Ser conducidos ahora a la experiencia real de que en todos nuestros tratos habemos con el Señor santo que escudriña el corazón es otra etapa más avanzada de nuestro camino. Así fue enseñado Nehemías: Tú has hecho justamente en todo lo que nos ha sobrevenido; porque tú has obrado rectamente, y nosotros hemos hecho lo malo. ¡Oh, bendito reconocimiento! Valdría toda la disciplina por la que hayamos pasado haber aprendido más hondamente la lección de la santidad de Dios.
La vara del pacto tiene un poder admirable de descubrimiento. Revelándonos el mal oculto de nuestra naturaleza, nos hace más santos. La severidad de la herida limpia el mal. Este doloroso descubrimiento muchas veces trae a la memoria faltas y pecados pasados. David anduvo muchos años en olvido de su apartamiento de Dios, hasta que Natán fue enviado, quien, mientras le anunciaba su pecado, le anunció también el perdón divino. Entonces el penitente rey se arrodilló y derramó desde lo hondo de su espíritu angustiado el salmo cincuenta y uno. Conducidos así a escudriñar la causa de la corrección divina, la severidad de la vara limpia el mal y santifica más el alma.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - June 1
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.