Pensamientos vespertinos

La fe probada en el crisol de las aflicciones

La aflicción, la oración no respondida y los tratos dolorosos prueban la fe del creyente. Solo la gracia verdadera es probada, y aun en medio de las vacilaciones, la divinidad de Dios la sostiene.

La fe tiene sus pruebas, así como sus tentaciones. La aflicción es una prueba de la fe; el pesar en cualquiera de sus múltiples formas lo es; la demora de la misericordia, la promesa incumplida, la oración no respondida, las providencias dolorosas, los tratos misteriosos, las circunstancias estrechas, las dificultades y los apuros, todo son pruebas de fe, comisionadas y diseñadas por Dios para colocar el oro en el crisol y el trigo en la criba, a fin de que ambos sean purificados y probados. ¿No es acaso prueba de la fe del creyente cuando el fundamento mismo sobre el que descansa es atacado? ¿Cuando se presentan ante sus ojos representaciones distorsionadas de Dios, pensamientos que le deshonran, aprensiones incrédulas acerca de Jesús, su amor, su gracia y sus obras?

Solo la gracia verdadera es realmente probada. Nadie pone meras escorias en su horno, ni paja sola en su criba. El Señor prueba, y Satanás tienta, nada sino gracia genuina. Es el trigo, y no la cizaña, el que pasa por la prueba de fuego. Cuando en una profesión de cristianismo no hay sino oropel, el fuego lo consumirá; cuando no hay sino paja, el viento lo esparcirá. El horno de la tentación y la trilla de la aflicción descubren de qué suerte es la obra de un hombre, mucho antes que el descubrimiento se haga en un mundo donde ningún error puede corregirse.

¿Y por qué se cierne así el trigo? ¿Por qué una gracia tan divina y preciosa se somete a un proceso tan humillante y severo? Ciertamente no por impureza intrínseca de la gracia misma. Todas las gracias del Espíritu, procedentes de Dios y implantadas en el corazón, son puras y santas. Pero a causa de la impureza del corazón y la corrupción de la naturaleza en que se depositan, se mezclan con partículas de mundanalidad y carnalidad. Para purificar y separar las gracias del Espíritu de lo que les es ajeno, el Señor permite estas tentaciones y envía estas pruebas de fe. Y no solo puede la fe del hijo de Dios ser asaltada con severidad, sino que hay momentos en que puede tambalearse grandemente. El mayor prodigio es que, con todos los choques severos por los que pasa, no desfallezca del todo. Solo la Divinidad que mora en esa gracia la sostiene; si no fuera divina e incorruptible, tendría que fallar.

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: Evening Thoughts - June 2

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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