Daban por sentado que todos los que acudían a ellos realmente deseaban huir de la ira venidera y anhelaban sinceramente la semejanza con Cristo, y que su obligación de proveerles las mejores ayudas era de la más sagrada y exigente naturaleza. Nunca se les ocurrió que los deportes o los eventos sociales fueran canales por los cuales fluyera la gracia de Dios ni que pudieran ser puestos al servicio de usos espirituales.
Estos eventos sociales y carnales son considerados en muchos sectores como la perfección de las cosas espirituales. Estas agencias se presentan como el fruto maduro de la piedad espiritual, sazonado y perfeccionado por su cultura y progreso, y ordenado en adelante como servidores del culto de oración y de la predicación. Nos oponemos con la mayor seriedad a tal unión. ¿Qué tienen en común? «¿Cómo, en efecto, pueden dos andar juntos, a menos que estén de acuerdo?»
¿Qué elementos de la piedad son conservados por los eventos sociales y el entretenimiento? ¿Qué fases de la vida espiritual promueven? ¿Por qué rasgo del gimnasio se vigoriza la fe? ¿Dónde se encuentran en él elementos que sean distintivamente piadosos o ayudas a la piedad? ¿Cómo producen los eventos sociales una vida más dada a la oración y más santa? ¿Qué resortes secretos posee el entretenimiento para acercar el alma a Dios? ¿En qué forma o fortalece los lazos de un compañerismo semejante al de Cristo? ¿No es acaso frívolo y mundano? ¿No es acaso sensual y carnal? ¿No complace y se acomoda a los gustos de lo carnal, lo superficial y lo mundano? ¿Qué unidad de propósito y de espíritu hay entre el gimnasio y el testimonio por Cristo? Lo uno es intensamente espiritual; lo otro no tiene ni un ápice de uso espiritual.
Podríamos también añadir a la lista de los ayudantes celestiales la pista de patinaje, la calistenia y el gimnasio. Si los jóvenes desean inscribirse en un gimnasio, disfrutar de un evento social o divertirse, que lo hagan; pero no los engañemos ni degrademos la piedad llamando a estas cosas instituciones santas y nutridoras de la vida espiritual.
Por mucho que lo disfracemos; por mucho que razonemos sobre ello; por mucho que nos disculpemos; podemos en vano filosofar sobre el crecimiento, el cambio y la cultura. Pero la verdad es que hemos perdido aquel tipo intenso de experiencia personal, aquella profunda convicción de las cosas eternas que son tan evidentes características de todos los grandes movimientos espirituales. Muchos predicadores y pueblo han descendido tanto en su experiencia que ya no saborean estas agencias tan distintas y profundamente espirituales, y se dedican a trazar planes e instituciones para satisfacer sus gustos no espirituales con esquemas que se sitúan a medio camino entre Cristo y el mundo; los cuales, sin ser esencialmente malos, no poseen ni un grano de poder espiritual y jamás podrán ser canales de la gracia celestial.
Se dice que no podemos lograr que la gente asista a los medios de gracia claramente espirituales. ¿Cuál es el problema? ¿Acaso las instituciones están desgastadas y ya no son de valor para el alma humilde y piadosa? ¿Quién se atreverá a afirmar tal cosa? Los gustos de la gente son viles y pervertidos. ¿Conviene entonces cambiar las agencias para acomodarlas a sus apetitos no santificados? ¡No! Elevemos el apetito por las cosas espirituales y corrijamos y ennoblezcamos los gustos de nuestro pueblo.
Fuente y atribución
Autor original: E. M. Bounds
Título original: The Devil and the Church! — parte 9
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de E. M. Bounds, publicado originalmente en Grace Gems.